Camilo Esteban Miranda Robayo
OPRIC
Las relaciones entre Pekín y Bogotá, vistas en perspectiva continental, no son las mejores. A pesar de contar con una relación diplomática de cuatro décadas y visitas de Estado de todos los presidentes colombianos desde Samper (este viajó al gigante asiático en 1996, Pastrana hizo lo propio en 1999, Uribe en 2005[1] y Santos en 2012), Colombia es el sexto país latinoamericano en cuanto a valor en la relación comercial con China[2], siendo superado en un amplio margen por Argentina, Perú, Chile, México y Brasil. Es en este contexto, sumado al fortalecimiento de la mirada a Asía en el Siglo XXI, que se desarrolla la visita de Iván Duque por tierras chinas, la cual parece responder tanto al creciente interés de Pekín en la región, como a una política exterior colombiana de acercamiento a la inversión china, facilitada paradójicamente por una guerra comercial que sugiere una inversión de los papeles de proteccionista y adalid del libre comercio, entre China y Estados Unidos.
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