Camilo Esteban Miranda Robayo
OPRIC
La agenda internacional del presidente Iván Duque ha sido de todo menos corta y monotemática. El mandatario no solo se ha reunido varios líderes de estado del continente americano y europeo, añadiendo la paradigmática visita a China, sino que ha participado en distintos escenarios, foros y cumbres internacionales, de carácter político y económico. Los acuerdos de paz no han dejado de ser trasversales dicha agenda, en cuanto se ha defendido el actuar del Gobierno actual frente a los mismos ante la comunidad internacional. Es por esto que no deja de ser cuestionable que ni Duque ni su vicepresidenta hayan aceptado reunirse con el reciente Nobel de Paz (2018), Denis Mukwege, designando a una consejería presidencial para tal fin[1], ¿qué puede explicar este desplante?
Carlos David Higuera Villalba
OPRIC
Colombia atraviesa por una coyuntura novedosa en materia migratoria, pues, luego de ser un país que históricamente expulsa a migrantes hacia otros países latinoamericanos es ahora un país receptor, principalmente de origen venezolano[1]. Esto ha puesto en una fuerte encrucijada todas las instituciones del Estado, desde la oficina de Migración Colombia hasta el Ministerio del Trabajo y la Protección Social, que hoy en día enfrentan los efectos de recibir un cúmulo de personas sin que el Estado esté preparado para ello. Para hacerle frente a esto el Ministerio Relaciones Exteriores, a cargo del ministro Holmes Trujillo, radicó en el mes de julio de 2019 un proyecto de ley[2] que busca reglamentar y regular de forma integral la atención a los migrantes. No obstante, las claves para entender este proyecto de ley pasan por analizar la postura política que ha asumido el Gobierno de Iván Duque frente a la administración del presidente Maduro, tanto así, que en el presente escrito se plantea que el proyecto de ley es una cristalización de un proyecto de política exterior impulsado por el mandatario colombiano bajo el nombre “Cerco diplomático”.
Camilo Esteban Miranda Robayo
OPRIC
Las relaciones entre Pekín y Bogotá, vistas en perspectiva continental, no son las mejores. A pesar de contar con una relación diplomática de cuatro décadas y visitas de Estado de todos los presidentes colombianos desde Samper (este viajó al gigante asiático en 1996, Pastrana hizo lo propio en 1999, Uribe en 2005[1] y Santos en 2012), Colombia es el sexto país latinoamericano en cuanto a valor en la relación comercial con China[2], siendo superado en un amplio margen por Argentina, Perú, Chile, México y Brasil. Es en este contexto, sumado al fortalecimiento de la mirada a Asía en el Siglo XXI, que se desarrolla la visita de Iván Duque por tierras chinas, la cual parece responder tanto al creciente interés de Pekín en la región, como a una política exterior colombiana de acercamiento a la inversión china, facilitada paradójicamente por una guerra comercial que sugiere una inversión de los papeles de proteccionista y adalid del libre comercio, entre China y Estados Unidos.