Adriana Mayela Hurtado Bautista
OPRIC
La semana pasada se desarrolló en la Corte Internacional de Justicia o también conocida como Tribunal de la Haya la primera ronda de argumentación por parte de Nicaragua y Colombia como parte del proceso generado a partir de la demanda interpuesta por el país centroamericano en el 2001 en materia de soberanía territorial y delimitación marítima entre las dos partes. La segunda ronda se llevará a cabo del 1 al 4 de Mayo, días durante los cuales tendrán lugar la réplica y dúplica de Nicaragua y Colombia respectivamente para que finalmente la Corte delibere y establezca su segundo y definitivo fallo en este proceso.
Este litigio ha cobrado gran importancia en primera instancia porque pone en juicio la soberanía que ha asumido nuestro país sobre esta zona a partir un tratado ratificado por ambas partes aproximadamente hace 82 años (Tratado Esguerra-Bárcenas firmado en 1928 y ratificado en 1930); y en segunda instancia porque la zona por la cual se discute tiene una carga valorativa muy alta en cuanto a la posible exploración y explotación de los recursos allí generados.
Nicolás Martínez P.
OPRIC
Había grandes expectativas por la VI cumbre de las Américas generadas desde la industria mediática y las declaraciones de la cancillería colombiana; y aunque para el presidente Juan Manuel Santos esta cumbre haya sido un éxito porque se pudo hablar y debatir, la realidad confronta seriamente su posición.
El hecho que no haya salido una declaración firmada es una fuerte prueba que esta cumbre efectivamente marcó historia, y no tanto como lo intentaba lograr el gobierno y la cancillería colombiana por tocar temas nunca antes tocados, y por tener varias cumbres secundarias; sino porque efectivamente se vio reflejado en este espacio el distanciamiento que existe entre los países de América Latina; y Estados Unidos y Canadá.
El hecho de que los temas que generaron tantas expectativas fueran relegados y sacados de ‘taquito’ por los dos grandes norteamericanos, provocó la ausencia de consenso, la no declaración final y por ende el inminente fracaso de la Cumbre.
Christian Chacón Herrera
OPRIC
Finalizó la V cumbre de los pueblos en Cartagena, Colombia. En su declaración hubo una manifestación abierta de molestia frente al papel de Estados Unidos en la construcción de la agenda continental, la exclusión de Cuba y la no inserción del tema de la soberanía argentina sobre las Malvinas. Con valiosos aportes terminó la cumbre de los pueblos que se realizó paralelamente a la cumbre de las Américas en Cartagena. Una cumbre de los pueblos que se mostró más cohesionada que la cumbre oficial misma, y entregó un resultado loable, con críticas hacia el papel de Estados Unidos en estos escenarios y su intención de mantener la hegemonía sobre el continente.
Para este evento “se dieron cita más de un millar de organizaciones sociales y representantes de sectores políticos progresistas de todo el continente, que exigieron a los gobiernos que se reunieron en Cartagena, el debate de los temas cruciales de la realidad política y socioeconómica del hemisferio”[1]