Christian Chacón Herrera - Universidad Jorge Tadeo Lozano
OPRIC
Ante el pleno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la 81ª sesión de apertura de las sesiones de este organismo en Nueva York, el vicepresidente de la República de Colombia, José Manuel Restrepo, ha hecho la primera intervención del gobierno de Abelardo de la Espriella ante sus pares con un discurso fuertemente enfocado en el ámbito doméstico y con un contradictorio discurso sobre el rol de Colombia en los cuatro años venideros.
La primera parte de su discurso se enfocó en presentar las primeras acciones del gobierno tras su posesión y el evento natural que sacudió su inicio de mandato, el temblor del 10 de agosto de 2026, además de señalar un punto de partida que, a ojos del presidente, es el esencial: la recuperación de la confianza. Más allá de los detalles de esta intervención fuertemente enfocada a reivindicar una agenda interna, la segunda parte de este discurso lo enfocó al rol de Colombia en el mundo, a su política exterior y a la proyección ideológica de este gobierno sobre el multilateralismo, las instituciones y las agendas globales. Es en este punto particular en el que se centra este análisis, destacando contradicciones y declaraciones que parecen decantar el derrotero de la administración actual, elegida hasta 2030.
Drogas y narcotráfico: la corresponsabilidad sí, pero no así
En el discurso, leído por el vicepresidente, el enfoque de las drogas es presentado como una responsabilidad compartida, pues se destaca que es un tema “transnacional”, pero aunque reconoce una dimensión importante y es la corresponsabilidad, la aterriza en la ausencia de inversión del Estado y en la incapacidad de producir oportunidades. Aquí aparece una primera contradicción y es que el negocio del narcotráfico es un crimen global con una cadena de suministro extendida a lo largo del globo, pero su solución es nacional, económica y sin ningún compromiso internacional particular en este sentido. Esto rompe claramente con la visión del gobierno anterior que no solo destacó la corresponsabilidad sino la necesidad de poner sobre la mesa el debate hacia el cambio de paradigma (que se fue desinflando en el cuatrenio).
Las Naciones Unidas: una crítica justificante
Dentro de la presentación, también se destacó una crítica directa a la ONU, organización a la que se refirió De La Espriella desde que era candidato, donde expresó su interés en retirarse. En Nueva York, el discursó indicó que la ONU ha perdido su capacidad de resolver problemas (una postura similar a la que ha presentado Trump más en la reunión anterior) y que ha sido una postura de la extrema derecha global, desconociendo el multilateralismo. La visión que se presentó ante la AGNU, destaca que la carta de la ONU debe ser reconocida pero que sus alcances deben ser limitados y que la cooperación internacional no debe superar ni trascender la soberanía estatal (cuestión que por mandato la ONU no hace).
Destacar esto abre espacio particularmente a la posibilidad de que cualquier recomendación, crítica, señalamiento o informe de la ONU sea invalidado o desconocido por el gobierno colombiano en los años venideros, sobre todo los más importantes emitidos por esta entidad. Entre ellos los informes de Derechos Humanos emitidos por la Oficina del Alto Comisionado para el tema en Colombia, o los informes de cultivos hechos por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC en sus siglas en inglés), o incluso informes del Consejo de Seguridad en relación con la implementación del acuerdo de paz, hoy en vilo ante decisiones como el acortamiento del mandato de la Justicia Especial para la Paz (JEP). Así, una mención insistente de la soberanía puede devenir en el desconocimiento de informes técnicos y políticos de la ONU que sirven para ponderar y evaluar también la acción gubernamental.
Tanto es así, que criticó fuertemente el uso politizado de la bandera de los Derechos Humanos, cuando indicó que se enarbola cuando va hacia los enemigos y se guarda cuando se mira a los amigos. Sin ser muy claro en su discurso quiénes son quiénes en esta clasificación, sí abre espacio a que cualquier informe de la ONU pueda ser morigerado o señalado como “ideológico”, cuestión no menor en medio de una estrategia de seguridad militarista que, como ya han mostrado autores como Moreno Torres (2012) afectan colateralmente a la sociedad civil con pérdida de libertades civiles y políticas.
No dejó por fuera una crítica también muy próxima a la extrema derecha, vinculada al “globalismo”, que presentó como una erosión de los valores nacionales “tradicionales” y a la imposición de una agenda “supranacional” que limita los valores patrios. Este discurso no es muy diferente a la que reivindican grupos políticos como VOX en España, la línea MAGA en Estados Unidos (por mencionar algunos). Sin embargo, es particular esta mención en medio de un giro especialmente conservador en Colombia con agendas como las familias, el género y otras que se pueden abrir como el aborto y los derechos LGBTI+, que complace a una buena parte del electorado (religioso) del presidente. El uso del concepto de globalismo permite la justificación de una agenda que, paradójicamente, es globalista de la extrema derecha y que no parece ir en contravía de los valores “patrios”.
El terrorismo: una agenda propositiva
En medio del discurso, se deslizó la crítica hacia la ausencia de mecanismos más concretos y de definiciones de la ONU alrededor del terrorismo. Aquí, se presenta al Estado colombiano como un actor central en la construcción de una definición y de mecanismos más “eficaces” para la lucha contra este flagelo. Es curioso que se demanda de la ONU más acción en este sentido y un compromiso con la articulación de acciones y mayor cooperación judicial mientras se le critica por su excesiva burocracia. Empero, no erra en el ejercicio de discusión al señalar la ausencia de una definición compartida, y en donde la única que ha logrado el mayor grado de abstracción ha sido la resolución 1566 de 2004 del Consejo de Seguridad, del cual Colombia hace parte y podría abrir de nuevo esta discusión.
Sin embargo, es un momento complejo en el ámbito global para abrir una discusión de este calibre, sobre todo porque para este gobierno representa una oportunidad de apabullar cualquier discusión sobre la naturaleza política de los grupos armados al margen de la ley, cuestión notoria cuando en el discurso se menciona la condena de acciones terroristas de grupos que intentan legitimarse con una agenda política. No obstante, es el punto en el que Colombia se presenta propositiva pero en donde puede encontrar muchas dificultades para lograr algún objetivo.
La política exterior: la búsqueda de la prosperidad
Así como lo hicieran en el siglo XIX buena parte de los estadistas (López Bejarano, 2023), el discurso del gobierno colombiano sobre su política exterior se enfocó en “vender” al país como un espacio para la inversión, la prosperidad, el crecimiento económico y la confianza intervencionista. Desde la campaña, de la Espriella manifestó su interés de hacer de la Cancillería una agencia de negocios (Osorio, 2026) y en este discurso se profundizó en este interés.
El vicepresidente, leyendo al primer mandatario, echó mano del artilugio discursivo de la riqueza geográfica, natural y humana del país como estrategia de atracción a los capitales extranjeros. Podríamos decir que abrió la puerta a los inversionistas para aprovechar estos recursos. La forma sigue siendo objeto de críticas, pues se ha destacado la promoción del fracking, el debate sobre los cambios en la delimitación del Páramo Santurbán, para mencionar algunos, con lo cual esta promoción del país puede terminar teniendo clave extractiva y la presentación del “atractivo” del país devenir en un ejercicio de explotación intensiva.
Algunas consideraciones finales
No se puede dejar de lado una tensión importante en el discurso y es el reclamo de la democracia en Venezuela en un contexto de acuerdo como el que se dio entre Donald Trump y Delcy Rodríguez en el marco de este evento. La mención es breve, pero paradójica, pues la agenda de Trump ha sido fuertemente respaldada por el gobierno colombiano, con lo cual no es claro qué horizonte para el país vecino tiene el gobierno nacional. Eso sí, la cuestión de Venezuela no es menor en la agenda del presidente (ni del país) pues la migración ha venido a ser un foco importante de atención con los anuncios de expulsiones y porque existe un horizonte compartido entre ambos países. Sí Colombia quiere tener un margen de acción en este sentido, debe comenzar a construir una posición propia en este respecto.
Lo que sí deja claro este discurso, es que la ruptura con el gobierno anterior se ha presentado frente al mundo y el rol de Colombia es el de un país que decide alinearse con Estados Unidos y con una tendencia ultraconservadora global, con poco margen de proposición y orientando su interés nacional a un mero “efecto llamada” a los inversionistas globales, pero con poco que aportar a las discusiones globales, externalizando la agenda interna de seguridad.
Referencias
López Bejarano, P. (2023) “Colombia en la expectativa internacional del siglo XIX: la instalación del argumento estadístico. Laurent, M., Borda, S. y Jaramillo, D. El comportamiento internacional de Colombia en el siglo XIX. Uniandes, pp. 3-36.
Moreno Torres, A. (2012) “Seguridad democrática y militarización en Colombia: más allá del conflicto armado”. URVIO, Revista Latinoamericana de Estudios de Seguridad, 12, pp. 41-56.
Osorio, C. (2026) Abelardo De la Espriella pone la Cancillería al servicio del comercio. Diario El País. https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-08-02/abelardo-de-la-espriella-pone-la-cancilleria-al-servicio-del-comercio.html Recuperado el 24 de septiembre de 2026.
