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Entrevista OPRIC

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Captura de pantalla 2026 04 09 234721OPRIC consultó a Antonio José Rengifo, Ph.D en Derecho Internacional, perteneciente al grupo Frontera y Territorio y docente de la Universidad Nacional de Colombia sobre algunos puntos respecto a la estrategia del Gobierno Nacional frente al fallo de la Haya, las perspectivas venideras sobre el tema y algunos comentarios sobre cómo se llevó el proceso, los aciertos y los desaciertos.

OPRIC: ¿Cree ud. Que el anuncio de Juan Manuel Santos para afrontar el fallo de la CIJ es muestra de que la mentada estrategia de revisión del mismo no fructificó?

Antonio Rengifo: La revisión exige la aparición de un hecho nuevo que no fue considerado en el proceso ni tenido en cuenta en la sentencia.

El hecho nuevo no aparece y creo improbable su aparición. En cuanto a la interpretación del fallo, me parece que la Corte no se movería un ápice de lo ya decidido por ella. Al no existir una segunda instancia, corresponde a Colombia fundamentar las inconsistencias de un fallo que parece demasiado complicado y problemático en cuanto al método utilizado para el trazado de la delimitación, lo cual, en mi opinión, condujo a excesos. Es un trazado “barroco” de delimitación, como lo llamó un juez. A Colombia le corresponde aportar clarificaciones necesarias al método de delimitación utilizado por la Corte al proferir el fallo. Es un trabajo que todavía no se ha hecho. O si ha sido realizado, no se conoce. Por razones históricas y de la estructura actual del derecho internacional, no hay una segunda instancia para los fallos de la Corte de La Haya, que no son complemento o subsidiaridad a sentencias ya proferidas por los sistemas judiciales internos, sino que dirimen controversias de derecho internacional entre los Estados, en instancia única, pero definitiva. Considero que esa sería una de las tantas cosas a mejorar del derecho internacional actual.  


OPRIC ¿Colombia ha llamado “expansionista” a Nicaragua por su intención de llevar a la comisión de límites de la ONU  la propuesta de ampliar su plataforma continental más de 200 millas, cree ud que este apelativo es exagerado y tiene la intención de mostrar una actitud beligerante por parte del gobierno para dejar contento a varios sectores en el país o cree que es un apelativo válido?

Antonio Rengifo: La reivindicación de Nicaragua de una plataforma continental extendida no es una propuesta sino una demanda en forma de solicitud ante la Comisión sobre Plataforma Continental, con serias implicaciones y riesgos, que Colombia debe enfrentar muy cuidadosamente. Hay todo un trabajo por hacer para dejar sin piso la aspiración excesiva de Nicaragua, también a expensas de Colombia. Me parece que lo que está demostrado por los hechos y por las demandas, es un activismo judicial incansable de Nicaragua ante instancias internacionales, principalmente la Corte Internacional de Justicia, contra todos y cada uno de sus vecinos, territoriales y marítimos. Es apenas obvio que los demás países tienen plena legitimidad para enfrentar ese activismo judicial dirigido a aumentar los espacios marítimos de Nicaragua. De paso, todos estos procesos son una lección para quienes descreen de la eficacia del derecho internacional o de manera simplista tienden a minimizar su rol en las controversias entre Estados. 

Todos los Estados, por todos los medios legítimos, tratan de defender y preservar sus espacios territoriales y marítimos, al margen de las diferencias o afinidades ideológicas o de las alianzas y coaliciones del pasado. Para la defensa del territorio de los Estados no entran, o no deberían entrar, consideraciones en materia de orientación ideológica de los gobiernos, sean de derecha, centro o izquierda.


OPRIC: En lo que podría ser la futura negociación del tratado entre los dos países ¿qué posibilidades existen de que Colombia logre negociar con Nicaragua una zona económica conjunta para no afectar a los pescadores nativos del archipiélago y además logre no “asfixiar” los cayos que quedaron encerrados en el fallo por aguas nicaragüenses?

Antonio Rengifo: Creo que en un proceso de negociaciones para alcanzar acuerdos, las opciones son variadas, en diferentes niveles. Correspondería a Colombia sustentar bien sus objeciones al fallo, para proponer una agenda creíble, que genere confianza a ambas partes. No puede ser que las negociaciones tengan por objeto simplemente incorporar el fallo a los derechos internos sin tener en cuenta los aspectos problemáticos del fallo. Hay que establecer una agenda con elementos de interés para los dos países, de forma que sea factible hacer una gestión conjunta de problemas que serán comunes a los dos países en los años por venir.     


OPRIC: ¿Cuál es su concepto sobre el manejo que se le dio al proceso de defensa en La Haya y al manejo posterior al fallo por parte del gobierno de Juan Manuel Santos?

Antonio Rengifo: Pues si se ha de juzgar por los resultados obtenidos, la actuación de Colombia durante el proceso, pues habría muy poco por añadir. Fue un desastre. Creo que los más interesados en explicar por qué Colombia compareció ante la corte y por qué llegó Colombia donde aterrizó o amarizó, son los agentes responsables de la defensa de nuestro país. Los agentes de Colombia, no solo deben estar interesados en explicar lo que aún no han explicado, sino que tienen la obligación de hacerlo. En una democracia en proceso de construirse a sí misma, los funcionarios son responsables de sus actuaciones ante los ciudadanos. No les está permitido hacer lo que les venga a voluntad ni callar o pasar “de agache” frente a un desastre como ese. Hay que invitarlos a los eventos académicos donde se discutan estos problemas, para darles la justa oportunidad de que expliquen y se expliquen, como mecanismo elemental para no repetir los mismos en un futuro. En cuanto a las reacciones al fallo, es obvio que la decisión de la corte tomó a Colombia fuera de base y ha habido cierto grado de improvisación. La reacción oficial al fallo de la semana pasada, un tanto tardía, parece obedecer más a consideraciones de derecho interno y de política interna que a la determinación para enfrentar el problema como corresponde. La reacción oficial al fallo fundada, como digo, en consideraciones de orden interno, es muy frágil frente al derecho internacional. Estoy seguro de que muchos internacionalistas compartirían esa opinión. Colombia puede y debe hacer más y mejor. Es importante prever esto porque los otros Estados también reaccionan y objetan. Hasta ahora no aparecen las objeciones de Colombia al fallo, que de seguro andan por ahí extraviadas entre tanto concepto y concepto, como sucedió en el pasado con el valioso y oportuno concepto del profesor Prosper Weil, de la Universidad de París, que menciono en un artículo reciente para UN Periódico. Sea dicho de paso, ese concepto no solo merece una reflexión seria sino que amerita explicaciones sobre las razones, en el pasado, que tuvo Colombia para omitir varias de las oportunas y sesudas recomendaciones contenidas en él. 


OPRIC ¿Respecto a la polémica de la primacía del derecho interno sobre el derecho internacional ¿no cree que esta es una declaración peligrosa puesto que pone en tela de juicio la aplicabilidad de normas del derecho internacional en el ámbito interno a futuro?

Antonio Rengifo: A mí me parece una discusión teórica ya decidida, que haciendo honor a la memoria de un jurista, ganó Hans Kelsen hace muchos años. La primacía del derecho internacional sobre el derecho interno es algo que se discute ya muy poco en la teoría del derecho, hoy confirmada por los hechos, cuando los Estados consienten libremente, y también soberanamente, remitirse a las jurisdicciones internacionales exteriores a los Estados. Pero esa es más, como digo, una discusión teórica. En realidad, hay que aceptar que los dos órdenes son complementarios, no se excluyen, lo cual dejaría por fuera el ejercicio de establecer primacías. En Colombia, sabiamente, la Corte Constitucional, sobre la estructura de la Constitución Política de 1991, ha acogido las doctrinas coordinadoras que tratan de hacer compatibles ambos órdenes, si se puede hablar de dos órdenes y no de uno solo. En todo caso, hay que constatar una compatibilidad real innegable entre el derecho internacional y el derecho interno. Lo admiten incluso quienes sostienen las teorías dualistas. Por eso resulta tan difícil y poco creíble, para un Estado, alegar razones de orden constitucional interno para oponerse al fallo de una corte internacional. Lo que Colombia debería hacer, como he sostenido desde la lectura del fallo, es fundamentar unas objeciones legítimas que permitan negociar unos acuerdos con Nicaragua. Es lo que he llamado un acatamiento crítico del fallo, sustentable incluso frente a una nueva demanda de Nicaragua por plataforma continental extendida.        


OPRIC: En una nota de prensa aparece el siguiente texto “Según la demanda, el Pacto de Bogotá, ni posibilita la participación plural de los ciudadanos colombianos en las decisiones que los afectan, ni tampoco consulta a las comunidades étnicas que puedan verse afectadas por decisiones sometidas a tribunales internacionales. De esta manera, se pretende que la Corte Constitucional reconozca que el acuerdo de la polémica vulnera la integridad territorial, la soberanía y la convivencia nacional, principios rectores del objetivo mayor que no es otro que la autodeterminación de los pueblos.”[1] ¿Cree ud que dicha afirmación (de ser aceptada) podría dejar un referente negativo para otros tratados internacionales en materia de derechos humanos que se puedan aplicar en el futuro aduciendo estos mismos argumentos?

Antonio Rengifo: Habrá que esperar a lo que diga la Corte constitucional. Pero habría que contemplar, hoy, el escenario de una declaratoria de inhibición por parte de la Corte. La facultad de la denuncia de un tratado es competencia del Presidente de la República y el Jefe del Estado ya la ejerció al denunciar oficialmente el Pacto de Bogotá. Cabe preguntarse entonces sobre los efectos que tendría una declaratoria de inconstitucionalidad del Pacto de Bogotá en función del cual la Corte Internacional de Justicia produjo en 2012 un fallo en el caso de Nicaragua contra Colombia.

En lugar de salir a la escena internacional a dar la pelea sobre el mar en el derecho del mar, Colombia ha optado por replegarse en sí misma, recurriendo a la Corte Constitucional. Esta postura se sitúa en la tradición de la diplomacia colombiana tan inclinada al aislamiento en algunas épocas, por fortuna ya superadas.

Ahora, los foros internacionales son importantes para los ciudadanos, por razones que no es del caso detallar aquí. De ninguna manera podrían los ciudadanos, en el ejercicio democrático de la defensa de los derechos humanos, aceptar que el retiro de Colombia de esos foros resulte convirtiéndose en una tendencia.     


OPRIC: De cara al futuro, ¿cuál cree que deba ser el camino que deben recorrer Colombia y Nicaragua para la definición de un tratado de límites? ¿Cómo deberá operar la comisión bilateral que sea designada para balancear los intereses de los dos países?

Antonio Rengifo: Como ya he indicado con insistencia, habrá que fundamentar los reparos al fallo de la Corte para establecer una agenda. Creo que un proceso de negociaciones podría empezar por los asuntos en los cuales sería más expedito alcanzar consensos entre los dos países, como la reserva de biosfera Seaflower, los derechos de los pescadores y los derechos de las comunidades raizales. Una cosa es segura, es un proceso que tomará tiempo. Podría hablarse incluso de años. En todo caso, son menores los costos de negociar que los costos que implicaría un desacato simplista del fallo, como proponen algunos, lo cual pondría al Estado por fuera del derecho internacional y por absurdo que parezca, por fuera de la misma Constitución. En ese escenario, que esperemos sea improbable, no estaría exagerado hablar de un golpe de estado a la constitución, pues la carta fundamental obliga al Estado a conformarse al derecho internacional. La nueva demanda de Nicaragua es un reto a asumir, obviamente en mejor forma de lo hecho hasta ahora. La segunda demanda de Nicaragua me parece más compleja y riesgosa que la anterior y afecta cualquier propuesta de negociación. La razón: la CIJ le dejó arreglado el nicho a Nicaragua para reivindicar otra porción de mar, como lo explico en un artículo de mi autoría, en el cual hablo de dragones. La figura mitológica de los dragones ilustra bien las complejidades y los riesgos para Colombia. No creo mucho en las voces tranquilizadoras de algunos funcionarios. Recuerdan los cantos de sirena de hace seis o diez años cantando que Nicaragua no nos disminuiría el mar. Y ya vimos lo que pasó. Y estamos alertando sobre lo que puede seguir sucediendo.  

OPRIC: Sobre la estrategia de Nicaragua ¿Qué opinión tiene?

Antonio Rengifo: Al adversario o contraparte hay que reconocerle sus méritos, sobre todo cuando obtiene buenos resultados. Eso ayuda a conocerle mejor. Y puede ayudar a mejorar las capacidades propias. He observado que como parte de su estrategia judicial, Nicaragua tiene un baluarte y dos puntales.

El baluarte es Carlos Arguello, el sempiterno embajador de Nicaragua en La Haya, jurista reconocido. Arguello hace las declaraciones duras; explica y sustenta las posiciones oficiales del Estado que representa, ya ejecutadas o por realizar. Y conoce muy bien los exclusivos clubes del litigio internacional. 

Los dos puntales de Nicaragua son Mauricio Herdocia y Manuel Madriz. No hay declaración oficial proveniente de Colombia que ellos no salgan a enfrentar, con argumentos sólidos, hábilmente hilvanados, interpretando bien el sentir de su país y de su gobierno. Contribuyen a cohesionar su nación en torno una causa. No se enredan explicando al común los conceptos difíciles relativos a los océanos. Sus argumentos son obviamente rebatibles.  

Tal vez este análisis ayude a comprender, aunque sea en lo que a estrategias corresponde y en un asunto específico muy formal, cómo y por qué un país pequeño en extensión, sin mayor peso geopolítico ni un alto nivel de desarrollo, esté transformando el mapa del Caribe a punta de acciones judiciales y sin disparar un solo tiro. Y haya derrotado a la primera potencia del mundo también en un proceso judicial, precisamente ante la Corte Internacional de Justicia. Una cosa es clara: Nicaragua no improvisa.

OPRIC: ¿Y Colombia?

Antonio Rengifo: Se ha dicho que el gobierno colombiano ha conformado un equipo con los mejores internacionalistas. Pero no sé sabe bien quiénes son, ni se les conoce voz ni sustentaciones. Tal vez lo uno explica lo otro.

Se ha dicho también que seis gabinetes de internacionalistas de diversos países han rendido a Colombia igual número de conceptos, pero no se conocen. Tampoco se conocen ni siquiera extractos, conclusiones o resúmenes ejecutivos de esos documentos. Es de desear que no suceda con esos conceptos lo sucedido con el concepto del Profesor Prosper Weil, de la Universidad de París, que solo vino a ser divulgado por el diario La República veinte años después de haber sido producido. Un concepto divulgado, pero nunca seguido por Colombia. Desafortunadamente.

De los dos agentes de Colombia en el proceso en La Haya no se volvió a tener noticia después de pronunciado el fallo de noviembre de 2012. Ni noticia, ni voz, ni sustentaciones.

Es de lamentar que en Colombia pasen sin respuestas bien sustentadas algunas declaraciones desafiantes, como la de Arguello en sentido de que Nicaragua va por lo que le pertenece con la nueva demanda.

No se trataría de desatar una especie de confrontación comunicacional, pero creo que Colombia puede mejorar mucho su estrategia en ese aspecto específico del rol y eficacia de los internacionalistas.

Hace falta que los internacionalistas del equipo de Colombia salgan a coordinar y a aportar argumentos; a sustentar y defender posiciones; a confrontar a Nicaragua y a ilustrar a la opinión. No deben hablar necesariamente a nombre del gobierno, pero deben ser sus intérpretes, con conocimiento de los seis conceptos, bien leídos, ojalá del idioma original para superar las alteraciones inherentes a todo proceso de traducción.    

Se trata de que los internacionalistas de Colombia salgan a confrontar. Eso robustece las estrategias, las convicciones y las posibilidades de un país. También ayuda a contrarrestar el ímpetu del adversario o contraparte. Y serían un buen apoyo para la causa de Colombia .

En todo caso, para Colombia puede resultar más efectiva la estrategia de confrontar que pretender pasar “de agache”. Al fin y al cabo un proceso es un escenario de confrontaciones dialécticas donde a veces hay mucho en juego. Y se puede perder mucho.

OPRIC: ¿Y si Colombia no mejora esas estrategias?

Antonio Rengifo: Pues muy probablemente Nicaragua seguirá navegando.

 


[1] Las dos demandas contra el Pacto de Bogotá En: Elespectador.com Edición digital. http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/dos-demandas-contra-el-pacto-de-bogota-articulo-445883 Recuperado el 11 de septiembre de 2013.