Paula Giral - Universidad Jorge Tadeo Lozano
OPRIC

El pasado 21 de marzo se celebró el primer Foro de Alto Nivel CELAC-África que se llevó a cabo en la ciudad de Bogotá, en el marco de la presidencia pro témpore de Colombia de la organización regional. En este espacio, se reiteró el compromiso de los jefes de Estado que asistieron a la reunión con la integración interregional, el fortalecimiento de los espacios de diálogo y la cooperación entre los países de la región, lo que significó un espacio de enriquecimiento conjunto y de construcción de agendas comunes. Sin embargo, el alcance del evento podría considerarse como limitado en sus aspiraciones diplomáticas, pues apenas hubo cuatro jefes de Estado (Uruguay, Brasil, Colombia y Burundi), y apenas un puñado de representantes diplomáticos de países de África y de América Latina.
En este contexto, la cumbre buscaba posicionarse como un hito en la consolidación de relaciones Sur-Sur de las regiones latinoamericanas y África, orientadas a enfrentar desafíos compartidos como el desarrollo sostenible, la seguridad alimentaria, el cambio climático y la transformación productiva de ambas regiones. Más allá de su carácter protocolario, este encuentro no era menor, considerando la coyuntura internacional actual, marcada por reconfiguraciones geopolíticas como el tránsito hacia un orden internacional más multipolar y la búsqueda de mayor autonomía estratégica por parte de América Latina, el Caribe y África que se ve manifestada en el fortalecimiento de mecanismos de integración regional, la diversificación de socios comerciales y financieros para reducir la dependencia de potencias tradicionales, y una participación más activa en foros multilaterales donde buscan incidir en la gobernanza global.
Potenciales en el debate de la relación de América Latina hacia África
El debate actual identifica varios ejes con alto potencial para profundizar la relación bilateral entre América Latina y el continente africano, entre los que destaca, en primer lugar, la juventud y la fuerza laboral. África cuenta con la población joven más grande del mundo (Porter, 2023), lo que representa una ventaja demográfica y una gran oportunidad estratégica para articular procesos de formación, intercambio y empleabilidad entre ambas regiones. En este sentido, la creación de redes universitarias, programas de movilidad académica y alianzas para la formación técnica y profesional permitiría el intercambio de conocimientos, y la construcción de una identidad compartida entre las nuevas generaciones del Sur Global, con capacidad de incidir en agendas futuras de desarrollo.
En segundo lugar, la investigación y la academia emergen como un pilar clave para la consolidación de esta relación, en la medida en que las universidades pueden desempeñar un rol protagónico en la producción de conocimiento conjunto, más allá de los marcos tradicionales de la diplomacia estatal, en lo que se conoce como diplomacia científica (Ordoñez, Roa y Centeno, 2021). La cooperación interuniversitaria, los centros de pensamiento y los proyectos de investigación colaborativa ofrecen la posibilidad de generar enfoques propios sobre problemáticas comunes, reduciendo la dependencia de marcos analíticos externos y otorgando autonomía en el análisis de las problemáticas propias del cono sur.
Finalmente, los desafíos globales compartidos constituyen un campo para la cooperación estratégica. Temas como la seguridad alimentaria, la salud pública, el cambio climático y la seguridad multidimensional evidencian la necesidad de respuestas conjuntas que reconozcan las particularidades del Sur Global, como se señala en la declaración de Bogotá firmada por la mayoría de los asistentes a la cumbre. En este punto, las experiencias acumuladas tanto en África como en América Latina en ámbitos como la agricultura resiliente, la gestión comunitaria de recursos, la respuesta a crisis sanitarias y los procesos de construcción de paz pueden complementarse de manera significativa, dando lugar a soluciones innovadoras, contextualizadas y sostenibles frente a retos que trascienden las fronteras nacionales.
El componente Cultural y Étnico
La relación entre América Latina y África se sustenta en una conexión histórica y cultural profunda que, si bien fue fragmentada y resignificada por los procesos coloniales, persiste como un lazo estructural que hoy adquiere renovada relevancia en la visión del posicionamiento estratégico latinoamericano. Más allá de una narrativa simbólica, los debates contemporáneos destacan la existencia de una “similitud biocultural” entre América Latina (especialmente en sus regiones ecuatoriales) y diversos países africanos, expresada en prácticas agrícolas, formas de organización comunitaria, cosmovisiones, manifestaciones artísticas y relaciones con el entorno natural. Este reconocimiento además de permitir la identificación de puntos de encuentro también facilita la construcción de una base sólida para una cooperación más empática y contextualizada.
De esta manera, la recuperación del vínculo histórico implica un ejercicio de relectura crítica del pasado, orientado a superar las narrativas impuestas por el colonialismo que han mediado la forma en que ambas regiones se perciben mutuamente. Se trata de avanzar hacia una construcción de identidad compartida en donde las regiones, se reconozcan como pares, desde la experiencia histórica común de la colonización y también desde realidades sociales y culturales que presentan importantes convergencias en términos de desigualdad, resiliencia y formas de resistencia. En este esfuerzo han jugado un papel clave diversos actores: movimientos afrodescendientes y panafricanistas, organizaciones de la sociedad civil, académicos del Sur Global y organismos internacionales que han promovido el reconocimiento de las diásporas africanas y la reparación histórica.
Asimismo, eventos y procesos recientes han impulsado esta reconfiguración del vínculo, como la conmemoración del Decenio Internacional de los Afrodescendientes (2015–2024), las cumbres América del Sur–África (ASA), los espacios de cooperación Sur-Sur y el fortalecimiento de agendas antirracistas a nivel global, especialmente tras movilizaciones como Black Lives Matter. Estos hitos han contribuido a posicionar la discusión sobre identidad, memoria y justicia histórica en el centro del diálogo interregional.
Es en este sentido que el componente cultural y étnico se proyecta como una herramienta estratégica de política exterior a través de la diplomacia cultural (Jaramillo, 2023), la circulación de saberes ancestrales y el fortalecimiento de industrias creativas. Espacios como los intercambios artísticos, los festivales, las redes de intelectuales afrodescendientes y los programas educativos contribuyen a resignificar estas relaciones, promoviendo una integración que trasciende lo institucional y se enraíza en las sociedades, quienes representan un punto clave en el marco de este reconocimiento mutuo. Es así como la cultura deja de ser un elemento accesorio para convertirse en un eje articulador de una relación birregional más horizontal, consciente de su historia compartida y orientada a la construcción de futuros comunes.
Los protocolos de negociación:
Un aspecto central en el fortalecimiento del relacionamiento entre América Latina y África radica en la redefinición de los protocolos de negociación y las reglas que orientan la cooperación. Más que la adopción de marcos rígidos, el debate actual propone la construcción de un enfoque más flexible, pragmático y orientado a resultados, que permita superar la lógica declarativa y evite que los acuerdos queden reducidos a gestos simbólicos o “fotografías diplomáticas”. En este sentido, se plantea la necesidad de avanzar hacia esquemas de cooperación que prioricen la implementación efectiva, la continuidad en el tiempo y la generación de impactos tangibles en las sociedades involucradas.
Uno de los principios fundamentales de este nuevo enfoque es la horizontalidad y la no condicionalidad. Esto implica que las relaciones deben basarse en el reconocimiento mutuo, el respeto a la soberanía y la construcción de beneficios compartidos, alejándose de modelos tradicionales de cooperación caracterizados por jerarquías implícitas o imposiciones externas. Bajo esta lógica, tanto los países africanos como los latinoamericanos se posicionan como socios con capacidades y experiencias complementarias, lo que favorece un diálogo más equilibrado.
Asimismo, en la declaración de Bogotá (resultado del foro CELAC 2026) se señala la necesidad de fortalecer la institucionalización de los acuerdos, en respuesta a la práctica recurrente de suscribir Memorandos de Entendimiento que, en muchos casos, no se traducen en acciones concretas. El reto, por tanto, consiste en diseñar mecanismos operativos, sostenibles y medibles que permitan materializar la voluntad política en proyectos ejecutables, con seguimiento y evaluación. Esto supone tanto mejorar la planificación, como también consolidar capacidades institucionales que garanticen la continuidad de las iniciativas más allá de los ciclos gubernamentales. Un desafío que ahora queda en manos de Uruguay, quien hereda la presidencia pro témpore de la CELAC.
Proyección de Colombia frente a la Cuestión Africana
Colombia, desde el gobierno Santos ha ido evolucionando de una visión tradicional de "ayuda oficial al desarrollo" a una de cooperación Sur-Sur y triangular más ambiciosa. La estrategia actual del gobierno Petro busca romper el paradigma de que las respuestas solo provienen del Norte Global, reconociendo que en el Sur existen conocimientos valiosos que deben ser compartidos, basado en la construcción de soluciones conjuntas y en una relación de cooperación horizontal.
En este marco, Colombia se proyecta como oferente de capacidades técnicas mediante iniciativas concretas que ya se traducen en proyectos estratégicos en diversos países africanos como el caso de Sudáfrica, Nigeria, Camerún, y la República Democrática del Congo (APC, s.f.) en ámbitos relacionados con la construcción de paz, víctimas y DDR; también asuntos de gobernanza como el fortalecimiento de la soberanía estadística a través del intercambio metodológico, con entidades como el DANE, que ya ejecutan proyectos de intercambio técnico con países como Ghana y Kenia, como fue mencionado por Daniel Rodríguez, director de oferta de la APC en el panel de cooperación birregional llevado a cabo en la Universidad del Externado. Esto destaca el liderazgo de Colombia en el Foro de Alto Nivel CELAC-África, demostrando una cooperación de "doble vía" donde ambas regiones enseñan y aprenden.
La articulación birregional con África y el fortalecimiento de vínculos con otros bloques reflejan una estrategia orientada a consolidar una voz colectiva del Sur Global, sustentada en principios de multilateralismo, cooperación entre iguales y defensa del derecho internacional. Esto implica una mayor proyección externa y un esfuerzo por dotar de coherencia y capacidad de incidencia a la región en un contexto global marcado por tensiones y reconfiguraciones de poder. La propuesta de mecanismos permanentes, hojas de ruta y agendas estratégicas comunes sugiere una intención de superar las limitaciones históricas de la integración regional, apostando por resultados concretos. En este marco, la cooperación Sur–Sur adquiere centralidad como modelo alternativo, incorporando además dimensiones emergentes como la justicia histórica y étnico-racial, lo que amplía el alcance normativo y político de la acción regional. No obstante, este proceso se desarrolla en medio de tensiones internas que evidencian la heterogeneidad política de los Estados miembros y la persistencia de divergencias en temas sensibles. La lógica del consenso, si bien permite sostener la unidad, también limita la profundidad de los compromisos adoptados. En consecuencia, el desafío principal radica en traducir la voluntad política en mecanismos eficaces de implementación que fortalezcan la cohesión regional sin diluir la diversidad, permitiendo a la CELAC consolidarse como un actor relevante y consistente en la gobernanza global contemporánea.
Bibliografía:
APC (s.f.) Programa de Cooperación Sur-Sur en construcción de paz "De Colombia al mundo". Recuperado de: www.apccolombia.gov.co/programa-de-cooperacion-sur-sur-en-construccion-de-paz-de-colombia-al-mundo
Jaramillo, M. (2023) Diplomacia cultural. Análisis de la cultura como instrumento de la política exterior. Bogotá.
Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia. (2026, marzo 21). Declaración de Bogotá - X Cumbre de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). https://www.cancilleria.govUru.co/newsroom/news/declaracion-bogota-x-cumbre-jefas-jefes-estado-gobierno-comunidad-estados (Cancillería)
Ordoñez, G.; Roa, M. y Centeno, J. (2021) Reflexiones en torno a la diplomacia científica: estado del debate, experiencia internacional y perspectivas para Colombia. Oasis, 34, pp. 13-38
Porter, C. (28 de octubre de 2023). El mundo se está volviendo más joven. Por qué eso importa. The New York Times. https://www.nytimes.com/interactive/2023/10/28/world/africa/africa-youth-population.html
Vicepresidencia del Gobierno de Colombia. (n.d.). #CELACÁFRICA2026 WWW.VICEPRESIDENCIA.GOV.CO/CELAC/AFRICA-2026. ABECE--FOROCELAC-AFRICA. https://www.vicepresidencia.gov.co/CELAC/assets/files/ABECE--FOROCELAC-AFRICAv03-SSM.pdf