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Balance Santos multilateralismo y comercio exterior

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Entrevista OPRIC

Laura Camila Castillo


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Captura de pantalla 2026 04 11 183822Finalizando una semana de fuertes tensiones entre el gobierno de Colombia y Venezuela, deben analizarse las características de estas relaciones y cómo replantean el futuro de las relaciones bilaterales entre estos dos países. Los acontecimientos que desencadenaron estas tensiones fueron en primer lugar y más importante el recibimiento por parte del Presidente de Colombia Juan Manuel Santos, del líder opositor de Venezuela, Henrique Capriles, y en menor medida, las declaraciones del gobierno Colombiano sobre sus intenciones de “unirse a la OTAN”. 

Ante estos hechos, el presidente venezolano Nicolás Maduro expresó su inconformidad, reconoció en estos hechos los intentos del presidente Santos por “descarrilar” las relaciones entre los dos países e incluso llamó a su representante en la Habana a considerar su apoyo a los diálogos de paz. Ante estos hechos, “Santos, por su parte, calificó de “descabellado” el “pensar que el gobierno colombiano esté enterado o, peor aún, apoyando algún tipo de acción para desestabilizar al gobierno de Venezuela”. [1]

No obstante, más allá de las reacciones de Venezuela, que eran de esperarse ante “la situación interna de ese país —sobre todo el deterioro de la vida cotidiana provocada por la escasez de elementos básicos— (y que) hacía previsible que Maduro volviera a buscar en Colombia un chivo expiatorio”, [2] vale la pena preguntarse que intenciones tenía el presidente Juan Manuel Santos con el recibimiento de Henrique Capriles y las consecuentes declaraciones sobre la OTAN, y qué mensajes deja para el futuro del relacionamiento en la región. En ese sentido, puede decirse que los hechos de esta semana dejan mensajes diversos a distintos actores que no obstante parecen tener intenciones especificas por parte del gobierno colombiano. Podría decirse, que esta crisis diplomática, era esperada y provocada por el Presidente Juan Manuel Santos a sabiendas de los límites que impedirían que estas tensiones escalaran a una verdadera ruptura; controló las tensiones de tal forma que no implicaran un rompimiento de relaciones, lo cual evitó al negarse a participar en la “diplomacia del micrófono” anunciado por la ministra María Ángel Holguín que acentuaría mucho más las diferencias.

En este sentido, podría pensarse en primer lugar, que el recibimiento de Santos al líder opositor venezolano se da en un contexto en el que Colombia sabe del poco margen de maniobra de Venezuela debido a un contexto de crisis interna, y a un intento del gobierno colombiano por demostrar cierta autonomía frente al país venezolano aún teniendo en cuenta la importancia de esta relación en temas fundamentales como el comercio, la seguridad fronteriza e incluso los actuales diálogos de paz. En segundo lugar, parece que el presidente Santos espera mandar así también un mensaje a la región, como un intento por desmarcarse de los gobiernos de izquierda y ratificándole así a los Estados Unidos - y con las declaraciones sobre la OTAN - que aun pueden contar con un aliado en la región. Además, estas declaraciones tienen, por supuesto consecuencias en el contexto interno colombiano teniendo en cuenta que informalmente se ha iniciado desde ya la campaña electoral, logrando que de esta manera Juan Manuel Santos recupere algunos sectores de la derecha colombiana. Tal como lo explica Socorro Ramírez, cuando afirma que “en el error presidencial pesó la presión extrema que viene ejerciendo Uribe -que hace política con el tema-, pero también la opinión de otros sectores que han considerado que, ante la reñida definición de la elección de Maduro, Colombia no debió haber reconocido su gobierno de inmediato.”. [3]

Sin embargo, esta semana no solo logró evidenciar los mensajes que espera enviar el gobierno colombiano tanto a nivel interno como a nivel internacional, sino que también plantea preguntas importantes sobre por ejemplo, la consolidación de UNASUR como mecanismo de integración regional, la unificación de sus intereses en términos de seguridad y defensa, el supuesto liderazgo colombiano en la región y la estabilidad de los diálogos de paz.

De esta manera, una vez aclaradas las “intenciones” de Colombia frente a la OTAN y cuando el secretario general de la UNASUR declara que “Si no hay confirmación de que algún miembro desea incorporarse a la Otan, no hay de qué preocuparse. La preocupación es que Unasur es una organización para la paz, lo contrario a la Otan, que representa la guerra” [4], pone en contraposición al organismo con uno de sus principales lideres, el gobierno venezolano; y a partir de estas declaraciones y posterior a las reacciones de otros países de la región demuestra también que tan establecidos podrían estar sus intereses en términos de seguridad y defensa. Además, permite preguntarse que tan interesado esta Colombia en consolidarse como líder regional cuando da la espalda a procesos establecidos en el continente, cuando aspira a unirse a un organismo que ha sido percibido como amenaza en la región y cuando vuelve a caer en una posición desestabilizadora frente a los demás países de América del Sur y de nuevo en el ámbito de la seguridad. La última pregunta que también cabe en la reflexión, es sobre la estabilidad de los dialogo de paz, que aunque pudieron haber estado en mayor riesgo con la crisis diplomática, no reaccionaron de esta manera, y aun con algunas declaraciones continuaron en relativa normalidad. Teniendo en cuenta, por ejemplo, que “el Secretariado de las FARC — al manifestar la “profunda preocupación” frente a la crisis — dio a sus delegados en La Habana indicaciones para contribuir a la solución del conflicto”. [5]

Para concluir, se debe decir que aunque en esta ocasión las relaciones entre estos dos países no se vieron realmente comprometidas, principalmente debido a la inestabilidad venezolana y al apoyo que puede brindar el gobierno colombiano en la provisión de bienes básicos y alimentos, la decisión del gobierno colombiano podría haber tenido consecuencias importantes no sólo para los  diálogos de paz sino para otros temas muy relevantes que ambos países tiene en común. Por el contrario, a lo sucedido esta semana el gobierno colombiano debe adoptar una política exterior racional y razonable, especialmente si se propone continuar con las buenas relaciones con sus vecinos y consolidarse como líder regional. Además, el presidente Santos que ha intentado complacer los intereses de todos tanto en el ámbito nacional como en el internacional, tarde o temprano tendrá que decidir que apoyos sacrificar y cuales son las verdaderas intenciones colombianas en la región y en el contexto internacional.