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Entrevista OPRIC

Nicolás Martínez P.


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Captura de pantalla 2026 04 11 183904Del proceso de paz surgieron dos noticias la semana pasada, una buena y otra no tan buena. La primera inauguró la semana reavivando los ánimos de buena parte de los colombianos y colombianas cuando se dio a conocer que el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC habían llegado a un acuerdo en el primer punto de las negociaciones, el referido al tema agrario. La segunda, cerró la semana apagando y mesurando un poco esos ánimos reavivados,  al conocerse un comunicado de la guerrilla que responde al título de ‘Comunicado de las FARC-EP Sobre la crisis del proceso de paz’ [1].

La segunda noticia se dio a causa de la controversia suscitada entre los gobiernos de Colombia y Venezuela. La reunión de Santos con Capriles, líder de la oposición venezolana, provocó la furia de Maduro quien expresó fehacientemente su inconformidad al enterarse del suceso. El presidente de Venezuela no dudo en afirmar que Santos estaba apuñalando por la espalda a Venezuela, además de poner en duda el acompañamiento que ha venido haciendo su gobierno al proceso de paz.

A raíz de este hecho, las FARC mostraron en su comunicado su preocupación por el estado de las relaciones bilaterales, sobre todo por el importante papel que ha jugado Venezuela dentro del proceso de paz. El hecho de que las FARC y el gobierno venezolano estén tan próximos ideológicamente hablando, genera en la guerrilla cierta confianza que le da un ‘empujoncito’ al proceso de paz, cosa que probablemente no sucede con Chile. De esto surge una pregunta ¿Cuál es el papel concreto, en el proceso de paz, de Venezuela y cuál el de Chile? ¿Cuál de estos dos países es más importante para el proceso de paz? Seguramente la respuesta es que Venezuela ha ayudado más que Chile durante el proceso y por ello es sumamente importante mantener relaciones cordiales con el vecino país.

De ahí que la jugada de Santos, de recibir al líder opositor venezolano haya sido sumamente equivocada. Esta vez el presidente colombiano pareció no entender la lección de la realpolitik bismarkiana que con éxito había logrado mantener en varias ocasiones. La aplicación de la regla de Santos en el plano internacional de querer quedar bien con todo el mundo mostró su evidente excepción: Los que no representan a ningún Estado en particular.

Probablemente la acción de Santos no respondió solamente al hecho de quedar bien Capriles y la oposición venezolana, sino también a presiones de varios sectores políticos colombianos que no ven con buenos ojos la situación política venezolana y que no son exclusivamente uribistas. Esto es bastante trascendental en una carrera electoral que está muy próxima a comenzar. El dilema de Santos está entonces entre ganarse esa simpatía y esos votos recibiendo a Capriles, o intentar llevar a feliz término el proceso de paz y obtener una amplia ventaja electoral, todo con la condición de mantener buenas relaciones con Maduro.

Hay que decir que tal vez el efecto de la reunión no hubiese sido tan malo para las relaciones bilaterales si Maduro no tuviese el carácter explosivo que recuerda al mismo Álvaro Uribe. La personalización de la política exterior y la diplomacia de los micrófonos parecen acercar cada vez más a dos enemigos tan acérrimos como Maduro y Uribe. Las declaraciones del gobierno vecino parecen estar entre ires y venires temperamentales tal cual sucedía en la relación entre Álvaro Uribe y Hugo Chávez, en donde las pasiones eran las protagonistas de la relación bilateral.

Como si esto fuera poco, a toda la controversia se le suma la poca coherencia y cohesión de Juan Manuel Santos en su política exterior. En primer lugar reconoce al gobierno de Maduro como legítimo, pero al mismo tiempo recibe a Capriles en su gira de víctima de presunto fraude electoral. En segundo lugar, sin haber restablecido plenamente las relaciones con el gobierno venezolano, declara el compromiso de firmar un acuerdo con la OTAN en donde se planea a largo plazo el ingreso a esa organización [2].

Evidentemente un tema tan sensible como el ingreso a una organización que ha hecho múltiples y cuestionadas intervenciones militares a lo largo del globo, desestabilizaría –al menos momentáneamente- las relaciones de Colombia con su vecindario. Afortunadamente, luego de las poco medidas declaraciones de Santos,  Juan Carlos Pinzón aclaró –o más bien corrigió el pequeñísimo error- que Colombia no quería entrar a la OTAN, sino simplemente firmar un acuerdo [3]. Esto fue suficiente para que, por ahora, Maduro se complaciera y las relaciones binacionales se volvieran a calmar.

De esto se puede concluir que todas estas controversias afectaron, al menos momentáneamente, el proceso de paz, como se puede evidenciar en el corto comunicado de las FARC. De donde surgen varias dudas ¿El proceso fracasaría de seguir los conflictos bilaterales o ya tiene suficiente contenido y alma propia para no depender de la suerte de las relaciones con Venezuela, la improvisación de Santos y el temperamento de Maduro?

Seguramente con el primer acuerdo refrendado y con los ojos de todo un país sobre el proceso, el gobierno y la guerrilla no tendrían más remedio que continuar con las conversaciones. No obstante, esto no deja de dar contenido a la trascendental participación y apoyo del gobierno venezolano. De ahí que haya sido tan importante para Santos intentar calmar un poco los ánimos exacerbados de Maduro, tanto en el caso de la controversia por Capriles, como por medio de las declaraciones de Juan Carlos Pinzón en cuanto al acuerdo con la OTAN. Lo que queda es esperar que la reacción del presidente venezolano siga moderándose y que Juan Manuel Santos salga de la improvisación y la poca coherencia en el manejo de sus relaciones exteriores.



[2] El vecindario se molesta por acuerdo con la OTAN. Revista Semana. Consultado el 6 de Junio de 2013  http://www.semana.com/nacion/articulo/el-vecindario-molesta-acuerdo-otan/345320-3

[3] Venezuela ratifica su apoyo a los diálogos de paz. Revista Semana. Consultado el 6 de Junio de 2013 http://www.semana.com/nacion/articulo/venezuela-ratifica-su-apoyo-dialogos-paz/345410-3