Nicolás Martínez Patiño
OPRIC
El resultado de las elecciones en Venezuela del domingo pasado sorprendió por su increíble paridad. Maduro apenas logró superar a Enrique Capriles por apenas 1.83% de los votos, con una diferencia que sobrepasaba los 265 mil sufragios, en un resultado que daba 50.75% de los votos al heredero de Chaves y 48.97% al líder opositor.
Algunos atribuyen este repunte de la oposición, a un cobro de votos al chavismo por parte de algunos sectores por la pérdida de poder adquisitivo causada tanto por la inflación como por las dos devaluaciones del bolívar en lo que va de este año; la primera que fue provocada por la modificación de patrón único de cambio que pasó de 4,3 a 6,3 bolívares por cada dólar, y la segunda provocada por el establecimiento del Sistema Complementario de Administración de Divisas -Sicad- que subastaría dólares a empresas privadas a un precio más caro que el dado en el mercado normal de divisas.
Aún parece difícil establecer de una manera tan rápida una correlación entre devaluación del bolívar y un repunte de la oposición. Sin embargo, lo que si es cierto es que los resultados oficiales de las elecciones dejan a Venezuela prácticamente dividida entre dos mitades casi que iguales, lo que refleja de lejos, una fuertísima polarización política en el vecino país que no deja de tener repercusiones en Colombia.
Antes de la jornada electoral, el expresidente Andrés Pastrana ya había rechazado la invitación de la presidenta del Consejo Nacional Electoral venezolano, Tibisay Lucena, para actuar como observador por considerar dichas elecciones demasiado controvertidas, inclinadas hacia el lado oficialista de la balanza, y alejadas de sus ‘convicciones democráticas’. Esta postura la volvió a plasmar en una carta abierta dirigida al presidente Juan Manuel Santos a quien invitaba a no asistir a la toma de posesión de Nicolás Maduro el 19 de abril, y a mantener un ‘silencio prudente’ hasta no conocer los resultados del reconteo de votos. Pastrana había hecho antes una crítica a la Canciller María Ángela Holguín por considerar apresurada su posición de felicitar al gobierno de Maduro, antes de conocerse los resultados del reconteo de votos.
Además de esta, otras personalidades de la vida política colombiana han intentado persuadir a Juan Manuel Santos para que vaya o se ausente a la toma de posesión de Maduro. Mientras Piedad Córdoba invitó al gobierno a asistir debido a la importancia que siempre ha tenido y tiene actualmente ese país para Colombia, Oscar Iván Zuluaga sugirió a Santos no asistir en defensa de un espíritu democrático que no debe ser condescendiente con elecciones cuestionadas. La respuesta del gobierno, además de la ya dada felicitación a Maduro, ha sido que Juan Manuel Santos viajará junto a María Ángela Holguín, a la toma de posesión presidencial en Caracas. El asunto obviamente parece lejos de ser secundario para la política exterior colombiana.
El viaje de Santos responde a la toma de posición de la Unasur. Los gobiernos del sub-continente sudamericano se reunieron en la noche del jueves y la madrugada del viernes en la sesión extraordinaria convocada por Ollanta Humala, quien ejerce presidencia pro tempore, para que el organismo regional tomara una postura conjunta frente a lo que está ocurriendo en Venezuela. Lo que se dio como se preveía, fue que los gobiernos de la región le dieron el reconocimiento al gobierno de Maduro a priori de la finalización de la auditoria que tiene en vilo a la oposición. Este procedimiento terminará de revisar el 46% de los votos que quedaron pendientes de evaluarse el día de las elecciones. Que Colombia haya sido el que impulsó la propuesta del reconteo en medio de oposiciones y reticencias da cuenta que aunque se felicita a Maduro, si se busca una legitimación del proceso en el campo internacional con las garantías electorales y constitucionales que logren “limpiar” el proceso.
Teniendo las cosas de esta manera, Maduro le logró sacar ventaja a Capriles no solo en las elecciones sino, como era de esperarse, en la reunión continental, a la cual el líder opositor no fue, y en la cual tenía alguna esperanza de poder cuestionar el resultado de las elecciones. Esta auditoria sin embargo no deja de tener un sin sabor para el gobierno electo por haber ganado las elecciones con un escaso margen, enfrentándose a la problemática inmediata de tener un país bastante polarizado y confrontado, sumando además, las problemáticas económicas que tantos predicen por una alta inflación, una altísima dependencia de las exportaciones y del precio del petróleo, y un crecimiento muy bajo del PIB
Con esto, el panorama venezolano no deja de afectar a Colombia, no sólo por las pasiones que despierta el llamado ‘delfín’ de Chaves, sino porque esta época de elecciones recordó, sobre todo en la frontera, la dependencia económica con el país vecino. El cierre fronterizo con Colombia –y con Brasil- ordenado por el gobierno venezolano desde el 9 al 16 de abril, no dejo de afectar la economía de varios municipios de Norte de Santander y la Guajira.
Sin embargo, quizás la pregunta realmente relevante en este momento es ¿Cómo va a afectar ese resultado el proceso de paz que se lleva a cabo con las FARC-EP? La respuesta no parece tan sencilla teniendo en cuenta que el proceso de paz se ha llevado de una manera bastante hermética, en donde apenas se ha dicho en qué punto de la agenda se encuentra el dialogo, y en donde la participación de la sociedad civil ha sido más bien indirecta.
A pesar de esto, es evidente que el gobierno venezolano ha jugado durante los dos últimos años un papel importante dentro del proceso de paz debido a la confianza que le genera a esa guerrilla el proyecto del ‘socialismo del siglo XXI’. Las FARC se vieron animadas a negociar –y a seguir negociando actualmente- en Cuba con el acompañamiento del gobierno bolivariano, -y del chileno- a pesar de no haber ni zona de despeje, ni cese bilateral al fuego. Con Maduro se asegura y garantiza una continuidad al acompañamiento del proceso de paz en ese sentido. No en vano fueron las declaraciones de Rodrigo Granda en donde dijo que la victoria de Maduro era una garantía para el apoyo al proceso de paz.
Con esto, no se ve pues ningún disparate de María Ángela Holguín cuando se apresuró a felicitar a Maduro: Así Santos no comparta en absoluto el proyecto bolivariano y el socialismo del siglo XXI, en su carácter pragmático, reconoce que lo mejor que le puede pasar al proceso de paz –e implícitamente a su apuesta por la reelección- es que Maduro se posesione como presidente venezolano, y continúe acompañando el proceso de paz.