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Balance Santos multilateralismo y comercio exterior

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Entrevista OPRIC

Nestor Camilo Carvajal Villalba

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Captura de pantalla 2026 04 04 155724A lo largo de la historia, la relación diplomática entre Colombia y Nicaragua se ha caracterizado por su ambigüedad, a pesar de la larga data de tratados y relaciones, estas han estado marcadas por episodios de cooperación y de intensas controversias debido a sus fronteras marítimas. El mar Caribe y sus islas se han constituido como un punto de gran importancia geopolítico, debido al gran paso de comercio, a actividades como la pesca y la exploración petrolera, de modo que, las relaciones entre Colombia y Nicaragua siempre han estado mediadas por ciertas disputas en esta área. 

 

Las disputas territoriales y las relaciones en torno a ellas, entre estos dos países, se remontan al pasado colonial, donde, en 1803 la corona española decidió separar las islas de San Andrés y Providencia de la Costa de Mosquitos en la Capitanía Gral. de Guatemala, y anexarlas al Virreinato de Santafé, conflicto que vio un final, en  1928 con la celebración del tratado Bercenas-Esguerra mediante el cual, se establecía la soberanía de Colombia sobre el territorio de San Andrés, Providencia y Sta. Catalina, mientras Colombia reconocía la soberanía de Nicaragua sobre la costa de Mosquitos; más adelante en 1983 se firma un convenio de cooperación económica y comercial, así como en 1991 se establece un memorándum de integración. De modo que, las relaciones entre Colombia y Nicaragua, aunque controversiales han contado con momentos de cooperación y entendimiento, a pesar del discurso constante del gobierno Sandinista por la soberanía de los territorios en el Caribe. Controversia que, en los últimos años, se concentró en una crisis diplomática entre Colombia y Nicaragua y, que mediante un fallo de la CIJ (Corte Internacional de Justicia) en 2012 condujo a la pérdida de 75.000 km2 de aguas marinas históricamente pertenecientes a Colombia[1].

 

Recordemos la crisis diplomática en la que Colombia se hundió durante la primera y la segunda presidencia de Álvaro Uribe, una crisis que llevó a enfrentar al país contra sus vecinos, Ecuador, Venezuela y Nicaragua, rompiendo relaciones con estos y deteriorando la integración en la región[2]; fue precisamente en esta década (2001) en la que se dio inicio al litigio entre estos dos países por la soberanía territorial de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, además de cierta área marítima alegada por Nicaragua como propia ante la CIJ (Corte Internacional de Justicia). Desde entonces las relaciones diplomáticas entre Colombia y Nicaragua se han venido deteriorando y fracturando, en parte por las acciones de Daniel Ortega y el gobierno Sandinista alegando territorios históricamente Colombianos, pero también debido a las acciones cuando menos, provocadoras de los recientes gobiernos desde Álvaro Uribe, quien fue el primer presidente en celebrar el desfile militar del 20 de Julio en San Andrés como un acto de demostración de poder[3], pasando por Santos, hasta el actual presidente Iván Duque. 

 

Es por esto que, históricamente la misión diplomática en Nicaragua, supone un gran reto para la cancillería, y la elección de la persona que lidere como embajador de Colombia en Managua, debe hacerse teniendo en cuenta las características de las relaciones que mantiene nuestro país con el gobierno Sandinista y el país Nicaragüense, unas relaciones mediadas por intereses en conflicto como el litigio en la CIJ, como también las posibles relaciones comerciales siendo Nicaragua un país fronterizo por vía marítima; y teniendo en cuenta también, las diferencias tanto ideológicas, como institucionales entre ambos países, diferencias que han llevado a enfrentamientos en espacios multilaterales como la OEA sobre cuestiones como derechos humanos, insurgencia y democracia[4].

El nombramiento de Carlos Salgar como embajador de Colombia en Nicaragua se correspondió con un momento importante en las relaciones entre estos dos países, en medio del fallo de la CIJ sobre los temas fronterizos, ya con este fallo, el manejo que en su momento le dio el expresidente Santos y el embajador Salgar denoto una ambigüedad que, aunque debatible, consiguió darle un tratamiento “astuto” y poco polémico a las relaciones entre los dos países[5], concentrándose en temas de intercambio económico y cultural, e instando a la OEA y a Nicaragua a la revolución democrática y pacífica de las recientes crisis sociales en el país[6].

 

Pero, en medio de la pandemia y la necesidad de una mayor integración latinoamericana para el tratamiento de la crisis por el COVID-19, el gobierno Duque a través de la cancillería decide designar al exsenador del centro democrático Alfredo Rangel como embajador de Colombia en Nicaragua, un nombramiento al que solo le falta la ceremonia de posesión y que ha significado varias acusaciones de ser resultado de un pago de favores y lealtad política. Sin embargo, más allá de estos señalamientos de los puestos de la cancillería como la “caja menor de los gobiernos”[7] por la cual se pagan favores, el nombramiento de Rangel como jefe diplomático precisamente en Nicaragua puede significar varios inconvenientes. 

 

En primer lugar, es necesario establecer el perfil de Rangel para el puesto, y su evidente cercanía con posturas acorde a su partido (actual partido de gobierno) nos puede dar una pista de esto. Siendo el CD (centro democrático) el partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe las posturas de Alfredo Rangel denotan una concordancia con las acciones poco diplomáticas del expresidente en su momento. Recordemos un poco la trayectoria política y académica de Rangel. Egresado de economía de la Universidad Nacional, magister en ciencias políticas de la Universidad de los Andes, Rangel se convirtió, hace unos años en un experto en temas de seguridad e insurgencia, temas en torno a los cuales dio inicio a la fundación que dirige (F. Seguridad y Democracia), pero más adelante, en algún momento, Rangel pasó de ser crítico en temas de seguridad incluso con el mismo Plan Colombia del expresidente Uribe, a apoyar a ultranza las políticas y posturas de este y del centro democrático llegando a ser senador por este partido[8].

 

Asimismo, no sólo la cercanía con posturas de su partido, ni su interés y experticia en temas de seguridad, denotan el tipo de perfil diplomático que manejara Rangel en la embajada de Nicaragua, sino que, como columnista de Semana, después del fallo de la CIJ en 2012, Rangel publicó dos columnas dedicadas exclusivamente al tema de las relaciones que en su momento manejaba el gobierno Santos con Nicaragua, a parte de sus duras críticas al gobierno Santos, su postura frente al fallo se ha sostenido en que debe ser abiertamente desacatado[9] y su particular forma de expresar posturas frente al tema, permiten dilucidar lo que sería en un futuro su forma conflictiva de relacionarse con un gobierno como el de Daniel Ortega abiertamente de izquierda y de estrechas relaciones con lo que Rangel llama, en sus columnas, “el chavismo”[10].

 

Sin contar, con la falta de experiencia como servidor público de la que Rangel especialmente carece, siendo su breve periodo en el Senado su única experiencia, además del breve paso como asesor en seguridad de varios gobiernos, Rangel nunca ha sido trabajador de la cancillería, y no es egresado de academia diplomática, así como lo señala su hoja de vida pública. De modo que, el perfil diplomático de Rangel está configurado como un perfil aparentemente confrontacional, poco mediador, poco preparado para el cargo, con opiniones abiertamente conflictivas que, en contextos de relaciones tan delicadas como las de Colombia y Nicaragua, pueden significar controversias e incluso escalar al recrudecimiento que, como ventana al pasado, nos recuerde las épocas de fragmentación y crisis que llevaron a la ruptura de relaciones diplomáticas por un breve periodo entre ambos países, a partir de una confrontación constante con el gobierno Sandinista de Daniel Ortega, que más que mejorar las relaciones, las llevaría a empeorar. 

 

Lo anterior, conduciría a pensar que realmente la elección de Alfredo Rangel como nuevo embajador de Colombia en Nicaragua se encuentra mediada por un tema de afinidad política y pago de favores, más que por la idoneidad del mismo para el cargo. Un cargo que no solo requiere de una persona con experiencia académica y laboral en el campo diplomático, sino que, requiere de un perfil diametralmente opuesto al de Rangel; un perfil bajo, que sea más propenso al diálogo y a la mediación diplomática más técnica, con el fin de llevar en buen término las relaciones complejas en ese país y necesario para sortear los importantes intereses que tiene Colombia en las fronteras con Nicaragua, en el comercio con esta y la difícil situación de la democracia bajo el gobierno de Ortega, así como para sus intereses en la región Caribe y Centroamérica. 

 

Un perfil idóneo para el puesto sería aquel con la disposición al diálogo necesario para una eventual implementación del fallo de la CIJ a través de un tratado entre ambos países, además que cuente con cercanía a los mecanismos de integración como la CELAC, o la OEA para evitar enfrentamientos directos en el país, y una actitud cordial un poco parecida a la que manejo hasta ahora Carlos Salgar, que permita mantener las relaciones diplomáticas sin mayores inconvenientes en temas culturales y económicos, sin dejar de lado las cuestiones de estabilidad, integración y promoción de la democracia en Nicaragua. Un perfil, definitivamente distinto al presentado por la presidencia y la cancillería como el nuevo Embajador de Colombia en uno de los países en donde la relación diplomática es tan importante para salvaguardar los intereses colombianos, y tan necesaria en un contexto de crisis mundial por el coronavirus. 

 

La decisión de Rangel como embajador, no solo es una decisión potencialmente errada como anteriormente se ha señalado, sino que también, resalta uno de los problemas estructurales del sistema político colombiano. La corrupción y el clientelismo han convertido a la cancillería en la “caja menor” de los gobiernos, por la cual se pagan favores y se resalta la lealtad política con puestos diplomáticos, en detrimento de una política exterior coherente, responsable y beneficiosa para el país. Situación que evidentemente seguirá perjudicando el actuar y la credibilidad de Colombia y su política exterior en el sistema internacional. 

 


[1]López, D, y López, L (2018) La geopolítica y los procesos de integración: Colombia-Nicaragua. Questionar investigación especifica, 6(1), 55-66.

[2]El Espectador. (7 de marzo de 2008). Siete días de crisis diplomática. Recuperado de https://www.elespectador.com/noticias/politica/siete-dias-de-crisis-diplomatica/

[3]Paredes, C. (19 de julio de 2007). En un acto simbólico de soberanía, se festeja por primera vez el 20 de julio en San Andres. Semana. Recuperado de https://www.semana.com/on-line/articulo/en-acto-simbolico-soberania-festeja-primera-vez-20-julio-san-andres/87154-3

[4]Prensa OEA. (24 de julio de 2008). Colombia y Nicaragua tratan diferencias en la OEA. Recuperado de https://www.oas.org/es/centro_noticias/comunicado_prensa.asp?sCodigo=C-287/08

[5]Redacción central. (6 de noviembre de 2015). Presidente-comandante Daniel recibe cartas credenciales de embajador@s de Colombia, El Salvador, Alemania y Republica Italiana (texto integro). La voz del Sandinismo. Recuperado de https://www.lavozdelsandinismo.com/nicaragua/2015-11-06/presidente-comandante-daniel-recibe-cartas-credenciales-de-embajadors-de-colombia-el-salvador-alemania-y-republica-italiana-05112015-texto-integro/

[6]Barrios, O. (2 de diciembre de 2018). Embajador de Colombia lamenta incertidumbre en “Nicaragua”. El nuevo diario. Recuperado de https://www.elnuevodiario.com.ni/nacionales/480642-embajador-colombia-lamenta-crisis-nicaragua/

[7]Rosanía, N. (24 de julio de 2020). Cancillería: La caja menor de Duque. El Heraldo. Recuperado de https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/nestor-rosania/cancilleria-la-caja-menor-de-duque-744896  

[8]León, J. (20 de septiembre de 2010). El reencauche de Alfredo Rangel. La silla vacía. Recuperado de https://lasillavacia.com/historia/18150

[9]Rangel, A. (17 de agosto de 2013). Parar a Nicaragua y desacatar el fallo. Semana. Recuperado de https://www.semana.com/opinion/articulo/parar-nicaragua-desacatar-fallo/354606-3

[10]Rangel, A. (15 de septiembre de 2013). La estrategia del armadillo. Semana. Recuperado de https://www.semana.com/opinion/articulo/la-estrategia-del-armadillo/357806-3