OPRIC

Observatorio de Política y Relaciones Internacionales Colombianas

Papers OPRIC

Balance Santos

Balance Santos multilateralismo y comercio exterior

previous arrowprevious arrow
next arrownext arrow

Entrevista OPRIC

Joseph Switer Plaza Pinilla

OPRIC

 

Captura de pantalla 2026 04 09 231024Las negociaciones de paz con el ELN ha entrado en un momento crítico, después del atentado del 17 de Enero de 2019 perpetuado en la Escuela de Cadetes General Santander. El hecho generó tanto escozor en la sociedad, que terminó abriendo un panorama desalentador frente a la posibilidad de volver a entablar relación de negociación alguna, situación que se viene agravando con el paso de los días. Acciones como cerrar las negociaciones y solicitar a Cuba, país garante, la extradición de los cabecillas del ELN ha llevado a unas consecuencias políticas en la dimensión internacional que a continuación se desarrollan.

 

Comprender que el ELN no es una organización homogénea, sino al contrario en él existen diferentes células que llegan incluso a ser disidentes, es fundamental para dar cuenta que existen varios cabecillas que aún muestran interés en lograr una negociación con el Estado, como es el caso del jefe negociador Pablo Beltrán. En otras palabras, este tipo de eventos reprochables no pueden alejarnos del objetivo de la construcción de una paz completa, pues basta recordar que la profundización en dinámicas de guerra y violencia generaría en la sociedad y en las comunidades con presencia del ELN un retroceso y mayor número de muertes.

 

Las decisiones apresuradas y al calor de los eventos, ha causado imprecisiones frente a no respetar los protocolos de la negociación. Argumentos como, no respetar los protocolos, producto del hecho de que son una política pública de Gobierno y no Estado, que no existe mesa de negociación, ya que como el Canciller Carlos Holmes afirma “Colombia no tiene ningún compromiso con ningún acuerdo de adelantamiento de conversaciones suscrito por el gobierno anterior con el Eln”[1], u opiniones como que el ELN es un grupo terrorista y por ende el no reconocimiento de los protocolos es una opción válida, demuestran la falta de rigurosidad en el análisis de las consecuencias que puede traer a futuro este tipo de decisiones.

 

La falta de rigurosidad en las citadas intervenciones, responden al hecho de que cada uno de los anteriores argumentos están viciados de algún error. Goebertus afirma que es falso que el gobierno de Iván Duque no haya entablado negociación alguna con el ELN, a la fecha se han dado “siete conversaciones telefónicas entre Ceballos y representantes del Eln”[2] y de igual forma, es un error afirmar que los protocolos solo vinculan al gobierno que los firmo, el acto legislativo 02 de 2017, establece que la “política de paz”, se reconoce como política de Estado, vinculante para todas las instituciones y autoridades públicas.

 

Por otra parte, la decisión del presidente Iván Duque de levantar la mesa es respetable, no obstante, es necesario respetar los protocolos, pues ellos garantizan que en caso de ruptura, se otorguen unas garantías mínimas para los miembros del grupo guerrillero, de regresar a Colombia en unas condiciones de seguridad durante un período de tiempo mínimo. Es un error pretender, usar los protocolos cuando la situación demuestra conveniencia, pero no respetarlos cuando la situación no es favorable, como afirma Rodrigo Uprimmy, “el fin del Estado de derecho, precisamente se funda en la idea de que el Estado se comporta respetando el derecho incluso frente a aquellos que irrespetan el derecho”[3].

 

Por último, colocar en la encrucijada a Cuba y a los demás países garantes, frente al tema de extraditar al grupo del ELN, no es conveniente a futuro. Partiendo del hecho de que es poco probable que Cuba acceda a la solicitud del gobierno colombiano, ya que ellos también deben cumplir con el protocolo, este tipo de presiones puede llevar a minar la confianza de los demás países que fueron garantes en el proceso de negociaciones con las FARC-EP (hoy partido político) y que han mantenido una posición de respaldo frente a las negociaciones con el ELN y por ende, a que no participen en la construcción de espacios de diálogo y merme la voluntad de paz de la dimensión internacional. Realizar presiones innecesarias, frente a este tema, puede generar a futuro una renuencia frente a la posibilidad de unas nuevas negociaciones.

 

Por último, en un proceso de negociación donde era evidente desde hace varios meses la falta de voluntad de las dos partes, la decisión del gobierno de Duque se esperaba, independientemente de los hechos transcurridos. De aquí, que se plantee el escenario de la negación de la solicitud de extradición a los integrantes del ELN, por parte de Cuba, ante su compromiso con los protocolos. Posterior a los primeros 15 días, donde se cumple el tiempo para el retorno de las cabecillas del ELN a territorio colombiano, se genera un escenario y espacio de recomposición de fuerzas y tensiones que pueden llevar a una profundización de la guerra o con el mayor optimismo, a un fortalecimiento del proceso de paz, que como afirma Goebertus “La mejor manera de quitarle espacios al Eln es implementar el Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Farc a nivel territorial, en particular en temas de desarrollo rural, participación ciudadana, reincorporación, seguridad territorial, sustitución de cultivos y reparación de víctimas”.[4]

 


[1] ‘Sepulveda, R. 2019.” Hay que perseverar en buscar la paz, pero sin permitir la violencia”. Consultado el 31 de enero de 2019.El tiempo. Disponible en: https://www.eltiempo.com/politica/gobierno/presidente-ivan-duque-habla-de-eventual-negociacion-con-eln-320572

[2] Kyenyke. 2019. “Ceballos mintió sobre proceso con Eln”: Goebertus. Consultado el 31 de enero de 2019. Disponible en:               

3. Uprimmy, Rodrigo. 2019. ¿Es válida la exigencia a Cuba de que entregue a los negociadores del ELN? Disponible en: https://lasillavacia.com/blogs/mi-plebi-si-tio/es-valida-la-exigencia-cuba-de-que-entregue-los-negociadores-del-eln-69646.

[4] Op. Cit. Kyenyke, 2019.