Joseph Switer Plaza Pinilla
OPRIC
David Held afirma que en la actualidad nos encontramos bajo el fenómeno de la globalización, en ella se da una profundización, aceleración y ampliación de las interconexiones mundiales. Traer a colación esta idea es importante, porque en los últimos años esas interconexiones se han visto reflejadas en un caso sin precedentes: Odebrecht, tema que ha causado gran conmoción. La razón principal se debe a que el fenómeno de corrupción observado ha sido de gran dimensión, puesto que el modus operandi de esta empresa era ofrecer coimas y sobornos a diferentes funcionarios, empresarios y trabajadores para lograr la adquisición de megaproyectos y obtener de ellos beneficios a través de una gran red trasnacional.
Ha pasado cerca de un año de investigaciones y no paran la lista de nombres de los que estarían implicados en el caso de Odebrecht. Sin embargo, aún faltan varias pruebas para esclarecer y tener la información completa de los hechos.
En esta búsqueda, el pasado 1 de Junio se esperó la liberación de varias declaraciones de directivos de Odebrecht que tenía en su poder la justicia de Brasil. La Fiscalía General de este país había otorgado a la constructora un plazo de 6 meses, con el fin de que la empresa cerrara acuerdos con los países donde se había dado corrupción. No obstante, el acceso a estos expedientes fue restringido, bajo dos clausulas: La primera, solo podrán acceder fiscales, en el caso colombiano se solicitaron 78 declaraciones que contenían información sobre los sobornos y coimas[1]. Aunque, para compartir la información se exige que se mantenga en reserva o sigilo, es decir, que la información no sea pública, la segundo condición, es que se respeten los acuerdos de cooperación que Odebrecht suscribió con la justicia brasileña a cambio de las declaraciones, acuerdos que eximen de cualquier sanción penal a varios directivos de esta empresa.
Ante el formalismo en el que cae la justicia de Brasil, el procurador general de Colombia, Fernando Carrillo, demando “la entrega de información solicitada en la investigación por Odebrecht y advierte que el retardo en la obtención de estas pruebas representa una amenaza de impunidad dentro del proceso disciplinario por este caso de corrupción internacional"[2], además argumento, que era “lamentable” que no se levantará la reserva sobre las declaraciones, no solo para lograr mayor trasparencia, sino para terminar las investigaciones desarrolladas por cada ente de control.
Ahora, como Odebrecht no ha podido cerrar acuerdos de cooperación con la justicia colombiana, no se han podido acceder a estas declaraciones, y ante este clima de incertidumbre, los ejecutivos en Colombia de Odebrecht se juegan sus últimas cartas para que antes del mes de julio “se logre un principio de oportunidad que les otorgue inmunidad total y les permita seguir operando”[3], de no aceptar esta condición, ellos afirman que no indemnizarán a Colombia, a pesar de admitir su corrupta conducta en el pago de sobornos de las obras de la Ruta del Sol II y la vía Ocaña-Gamarra.
Ahora bien, estas declaraciones no aseguran que la justicia vaya a encontrar a los culpables en los países receptores de estos sobornos, ni que tampoco avancen más rápido las investigaciones. Hasta el momento lo que ha demostrado Odebrecht es que existen pocas herramientas de investigación y que los mecanismos de prevención de la corrupción en Colombia son prácticamente nulos. Incluso se mantienen críticas hacia los impedimentos que rodean al fiscal general de Colombia, Néstor Humberto Martínez, asesor “del consorcio Ruta del Sol II y de Navelena, además de que participo en la campaña de Santos que hoy en día también está bajo lupa”[4].
En conclusión, Odebrecht creo una gran red trasnacional de corrupción, de la cual, en menos de un año varios de sus personajes han sido citados a declaración por sus nexos con la constructora. El pasado 1 de junio, el fiscal general de Brasil permitió el acceso a los expedientes de cerca de 78 declaraciones de directivos y trabajadores del consorcio, sin embargo lo hizo bajo reserva, es decir, sin acceso al público. No obstante, la justicia colombiana no puede acceder a ellas, puesto que por el momento aún no ha firmado un acuerdo de cooperación con ellos. Todo esto, lleva a la idea de que es necesario develar los vacios y problemas del sistema político colombiano, puesto que en él se evidencia una gran preponderancia del dinero como elemento de acceso al poder.
El que la Corrupción sea el común denominador en 12 países diferentes, da a pensar que existe la necesidad de hacer un re-ajuste ético a la clase política dirigente en América Latina, retomando a Weber se observa es un “vivir de la política”, es decir, se ve en ella una fuente de ingresos y se reduce es a un mero espacio para lograr determinados intereses, Odebrecht es un claro ejemplo de cómo desde el lobbismo y el tecnicismo se desvirtúan todos los cimientos de la igualdad en el sistema político, es decir, a partir de esta práctica y de este discurso, se dan las condiciones necesarias para garantizar el acceso a ciertas licitaciones. De aquí, que más allá del interés, lo que debería existir es el amor hacia la vocación, lo que Weber denomina “vivir para la política”, donde haya una responsabilidad y deber con la sociedad, puede ser la posibilidad de crear nuevas instituciones que remplacen y desarticulen estas prácticas. Sin embargo, es un proyecto a largo plazo, por lo tanto, hay es que en pensar en la necesidad de castigar aquellos que están implicados dentro de este escándalo, y con ello remarcar el mensaje de que la corrupción no vale la pena.