Camila Natalia Parra
OPRIC
Dentro del actual Plan Nacional de Desarrollo para el Estado colombiano propuesto por el gobierno de Juan Manuel Santos, uno de los pilares fundamentales correspondió a la búsqueda y mantenimiento de la paz. Tal objetivo se traducía específicamente en una negociación abierta con los grupos guerrilleros que aún existen y hacen presencia en varias regiones del país.
La primera negociación se inició con la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en él año 2012, y corresponde a un proceso que en la actualidad continúa vigente. De igual forma y por esa misma línea, el miércoles treinta de abril del 2016 en la ciudad de Caracas Venezuela, el Ejército de liberación Nacional (ELN) en compañía del gobierno nacional anunció que los diálogos exploratorios para un posible proceso de paz habían resultados fructíferos, lo que dejaba como resultado la apertura formal de una negociación que también contribuyera al fin del conflicto armado colombiano.
Sumado a esto, en la declaración se anunció que Ecuador sería el primer país donde se instalaría la mesa de negociación, y las conversaciones se llevarían a cabo en Brasil, Cuba, Chile y Venezuela los cuales también tendrían el papel de garantes junto con el Estado Noruego. [1] Como era de esperarse las opiniones al interior del país no se hicieron esperar, especialmente aquellas que criticaban la participación del Estado Venezolano en el proceso, debido a la reciente tensión diplomática por la que atraviesan ambas naciones desde mediados de agosto del año pasado.
Y es que justamente, tal participación se da en el marco de unas relaciones difíciles entre los dos Estados, debido al cierre unilateral de la frontera efectuado por el gobierno venezolano, y la posterior deportación masiva de colombianos. La cual según la Organización de Naciones Unidas, poseía el rango de crisis humanitaria debido a la constante violación de derechos humanos. Adicionalmente semanas antes de tal suceso el ejecutivo venezolano se había referido a Colombia como un “país exportador pobreza”[2], declaración que generó choques entre las esferas políticas de ambos países.
Ahora bien, tal situación abre el interrogante acerca de cuál es la razón para que se tomara la decisión de mantener a Venezuela como una parte fundamental en el proceso. Una primera respuesta se esboza de la cercanía que el vecino país ha tenido con respecto al fenómeno de violencia que posee el Estado Colombiano, el cual corresponde por un lado como mediador entre los grupos guerrilleros y el gobierno, y por el otro, tal como lo plantea la fundación arcoíris, un actor principal en la vinculación y fortalecimiento de algunos de estos colectivos. [3]
De igual forma, vale la pena denotar que la cercanía que existe entre algunas visiones políticas del gobierno venezolano con respecto al ELN, pueden verse como un seguro legítimo de confianza en el proceso por parte de estos últimos, debido a que la negociación consta de una búsqueda mutua del objetivo de la paz, más no de una rendición en términos absolutos, tal como lo quisieran algunos sectores políticos del país.
Por otro lado, es de suma importancia resaltar cómo en la comunidad internacional se observa con buenos ojos esta participación. Tal como lo anotó Fabrizio Hochschild, coordinador residente de las Naciones Unidas en Colombia, el alejamiento de Venezuela sería muy grave debido a que su actuación en el proceso de paz podría ser el puente para que se normalicen las relaciones entre ambos Estados. Premisa que no es muy acogida al interior del país, por algunos funcionarios públicos así como por partidos políticos de diversos espectros.[4] Situación que sin lugar a dudas puede ser peligrosa si no se trata con cautela, debido a que la participación o distanciamiento del vecino país para este proceso puede afectar considerablemente la negociación.
Como acotación final, sería bueno resaltar la cercanía que este proceso va a tener con respecto a los países latinoamericanos, especialmente aquellos con los que comparte alguna agenda común. Lo cual demuestra el interés del Estado colombiano por expandir sus áreas de influencia .Un proceso que se vuelve fundamental en su objetivo de consolidarse como líder regional.
Este es pues a grandes rasgos el panorama que por ahora se vislumbra, con respecto a la participación de Venezuela en el proceso de paz con el ELN. Sin embargo, habrá que esperar a las dinámicas que surjan de esto y a como los actores involucrados en las conversaciones se adapten a los diferentes retos que se avecinan. Puesto que nadie dijo que buscar la paz, al menos en un país como Colombia fuera sencillo.
[1] Maduro Felicita a Santos por iniciar proceso de paz con el ELN. En: El Tiempo.com Edición digital http://www.eltiempo.com/mundo/latinoamerica/proceso-de-paz-con-eln/16550214, 30 de marzo del 2016. Consultado el 02 de abril del 2016
[2] Nicolás Maduro dice que Colombia es un “País exportador de pobreza”. En el espectador.com. Edición digital http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/maduro-dice-colombia-exportador-de-pobreza-venezuela-articulo-564564, 4 de junio del 2015. Consultado el 02 de abril del 2016.
[3] La frontera Caliente entre Colombia y Venezuela. Fundación Arcoíris. Edición Ariel Fernando Ávila, año 2012.
[4] ¿Debe continuar Venezuela en el proceso de paz con las Farc? En: El espectador. Fuente digital http://www.elespectador.com/noticias/politica/debe-continuar-venezuela-el-proceso-de-paz-farc-articulo-583530 . 3 de septiembre del 2015. Consultado el 02 de abril del 2016