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Entrevista OPRIC

Nicolás Martínez Patiño


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Captura de pantalla 2026 04 09 234210El 22 de agosto se oficializó la posesión de Ernesto Samper como secretario general de la Unasur para el período 2014-2016. Este nombramiento que contó con un muy buen apoyo internacional contrasta fuertemente con la imagen que se tiene en Colombia del expresidente y el tristemente célebre proceso 8000. Los retos de Samper en este cargo son muchos, pero principalmente tienen que ver con una mayor visibilización de la organización como un bloque de integración regional, el construir una posición y un posible acompañamiento amplio a los resultados del proceso de paz en el marco del posconflicto y construir una agenda social y de seguridad ciudadana que sea vinculante.

El hecho de que se hubiera logrado un apoyo consensuado a un candidato colombiano a la secretaría general de la Unasur, y que en el mismo mes, el Congreso hubiera aprobado el Tratado Internacional con la OTAN firmado hace un año por el presidente y que incluyó una desestabilización de las relaciones con Venezuela, es un buen reflejo del pragmatismo y la heterogeneidad que ha asumido la política exterior de Juan Manuel Santos desde que su asumió su primer mandato en 2010.

La elección de Samper en ese cargo, sin duda puede incluirse dentro de los grandes logros de la política exterior de Juan Manuel Santos dentro de la región latinoamericana. En este caso no solamente se logró que los 12 países que integran Unasur se congregaran alrededor de la candidatura de Samper, sino también que se rompiera el acuerdo de que ningún país repetiría el cargo. Hay que recordar que Santos inauguró su política exterior en Unasur logrando la designación de María Emma Mejía para el período 2011-2012. Con estos dos casos se ve un cierto grado de confianza de los países de la región depositado en el gobierno de Juan Manuel Santos dado lo que ha significado el mismo luego del profundo aislamiento en la época Uribe.

Para que la postulación de Samper fuera exitosa fue de ayuda que la candidatura se presentara conjuntamente con Uruguay y que la canciller María Angela Holguín aprovechara la cercanía que tuvo con Maduro –desde la época que fue embajadora en Venezuela- para cocinar la propuesta. Incluso también es una señal significativa de apoyo regional para el proceso de paz. Siguiendo esa idea Samper también se comprometió a acercar a Unasur al proceso de la Habana para que la organización participe en el proceso de post-conflicto[1].

La posible participación de Unasur dentro del proceso de paz y en el post-conflicto se inscribe, para Samper, dentro del más grande reto de su gestión dentro de esa organización que sería posicionar a la organización regional como una autoridad internacional de opinión política[2]. De acuerdo con esto vale la pena preguntarse qué tanto alcance tendrá dicho objetivo teniendo en cuenta que en ocasiones la política regional latinoamericana ha entrado en contradicción con la política exterior del gobierno Santos, dada la búsqueda del gobierno colombiano de ser un actor que logre tener relaciones amistosas con un grupo de países con una heterogeneidad amplia de posturas.

De hecho, este equilibrio en la política exterior colombiana no ha sido fácil de mantener y en ocasiones se ha roto como en el mencionado ejemplo del acuerdo de cooperación entre la OTAN y Colombia que en su momento fue visto por varios países de la región como la puerta de entrada de intervenciones militares en la región; en el intento de participación de Cuba en la VII Cumbre de las Américas de 2012 en Cartagena y el rechazo de Estados Unidos, y en el malestar del gobierno argentino hacia Colombia por no haber colocado en la agenda de la misma Cumbre el tema de las Malvinas, tan solo por poner varios ejemplos.

La apuesta de Samper de convertir a Unasur en una autoridad internacional de opinión política también hace surgir la pregunta de si Unasur solamente se quedará como una organización de la que simplemente se emanen opiniones o posturas frente a determinados temas o si irá más allá y participará y actuará más activamente dentro de la política internacional desde una postura conjunta regional. Esto último evidentemente más allá de depender del secretario de la organización y su gestión, depende de las voluntades política de cada uno de los presidentes de la región. Sin embargo, la pregunta no deja de ser relevante teniendo en cuenta que hay otros foros regionales como el de la Alianza Pacífico que han avanzado muy rápida y concretamente en acuerdos que incluyen decisiones vinculantes para cada uno de sus miembros. ¿Acaso el hecho de que Unasur, tal como lo dijo Samper, tenga una carácter preponderantemente político implica que el alcance de la organización, en términos de acciones concretas, sea más restringido que el de una organización con un carácter eminentemente comercial o económico?

Muy probablemente la respuesta por parte de la organización sea que no, y por eso se están logrando grandes avances como la construcción del Parlamento Sudamericano con sede en Cochabamba, Bolivia. Sin embargo la construcción de esas grandes obras no implican necesariamente grandes avances, o que lo digan los mismos gobiernos integrantes de la CAN que se encuentran en proceso de desmantelación del moribundo parlamento Andino dadas las quejas de que era un organismo costoso del cual no se emanaban decisiones vinculantes.

Habrá que esperar si Unasur y la gestión de Samper en ese organismo van a lograr avances concretos en el proceso de integración Suramericana. Vale la pena decir, que más allá de ser un organismo político, Unasur también fue creada con el objetivo ‘de impulsar la integración regional en materia de energía, educación, salud, ambiente, infraestructura, seguridad y democracia’[3].