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Misiles iraníes en Venezuela ¿asunto global o estrategia colombiana?

Nestor Camilo Carvajal Villalbamisilruso 1307f070bf887bf8a3fd12015eabdcb9 1200x800

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Las relaciones entre Colombia y Venezuela han tenido un deterioro constante y progresivo en los últimos años, que encontraron un descanso en algún momento del gobierno Santos durante el proceso de paz, pero que en general se han caracterizado por su fragilidad y hostilidad. Relaciones que desde el 23 de febrero de 2019 se encuentran rotas y que al parecer se ubican ad portas de una nueva etapa debido al fracaso indiscutible de la estrategia del “cerco diplomático”[1] y el delicado deterioro de las relaciones entre ambos mandatarios. En este contexto, el pasado 20 de agosto el presidente Iván Duque en el programa “Compromiso por el futuro de Colombia” aseguró que el régimen venezolano estaría comprando misiles de mediano y largo alcance a Irán[2], una afirmación que luego fue replicada y “confirmada” por otros gobiernos entre ellos el gobierno estadounidense[3].

 

A pesar de que la política exterior colombiana en el gobierno Duque ya venía caminando sobre la línea de la “re-securitización” y la “re-narcotización” de la agenda, se había mantenido firme en la estrategia (fracasada) del “cerco diplomático”, aunque siempre bajo la posibilidad de escalar la crisis a una instancia militar, cosa que quedó clara mediante la no firma de Colombia en el acuerdo del grupo de Lima por no intervenir Venezuela, y que ahora da sentido a las recientes afirmaciones y posibles intenciones de Duque con estas.

 

Por otro lado, el canciller venezolano en Colombia desmintió la acusación y el presidente Maduro respondió, en tono de broma, que “no es mala idea”, respuesta que, aunque un tanto jocosa, deja entrever las posibilidades de que sean ciertas, o por lo menos, en parte[4]. Aunque, asimismo, Irán se pronunció negando el interés de Venezuela en la compra de armas, no parecería extraño este comportamiento del régimen venezolano, pues ya antes el presidente Chavez había comprado armas iraníes con el fin de “proteger la revolución”[5].

 

Ante el fracaso del cerco diplomático, el agotamiento de la figura de Guaido como “presidente interino” y la configuración de un ambiente propicio al conflicto en el sistema internacional, parece natural que según su inclinación política el presidente Duque adopte esta posición y tienda a realizar declaraciones de ese tipo. Ahora, cabría preguntarse ¿qué implica esta posible “re-securitización” de la agenda exterior colombiana? ¿Realmente Venezuela implica un peligro para Colombia? ¿Podría ser una estrategia iraní para provocar a EE. UU.? ¿Podría ser un movimiento de Duque para relanzar la estrategia venezolana?

Aunque quisiera responder a todas estas preguntas, en estas líneas se responderá solo algunas de ellas: las posibles implicaciones de la “re-securitizacion” en la agenda exterior colombiana y los posibles objetivos de Duque mediante estas declaraciones.

 

Para comenzar, es importante recordar un par de puntos importantes que van más allá de las relaciones Colombia-Venezuela e incluso del ámbito regional. Primero, esta acusación aparece unos días después de que el consejo de seguridad de la ONU negara la prórroga del embargo de armas que tiene Irán el cual termina el 18 de octubre y que lo habilitaría para venderle armas a Venezuela “legalmente”[6]. Segundo, Venezuela a lo largo de estos años se ha constituido como el principal país aliado de las potencias de oriente (Rusia, China) en américa latina aquellas con evidente cercanía a Irán. Así como Colombia, se ha constituido como la contraparte aliado de la potencia occidental (EE. UU.), situación que nos podría recordar a un lejano escenario de guerra fría. Y, con la acusación de los misiles en Venezuela (al estilo de los misiles en Cuba, hace unas décadas), haría parecer a Colombia y en especial con el gobierno Duque y su política inclinada al recordado “respice pollum” como el “bastión” o muro de contención de los intereses de EE. UU. en América Latina, puesta allí para denunciar las posibles amenazas.

 

Teniendo esto presente, esta situación deja en claro las divisiones en torno al poder, la influencia geopolítica de determinados países potencia, y la forma en que los enfrentamientos recientes entre EE. UU. e Irán afectan las políticas exteriores y las relaciones regionales en América Latina.

 

En cuanto a las implicaciones, el discurso de la “seguridad” replicado del discurso estadounidense que construye a Venezuela como una amenaza al hemisferio, ha jugado un papel primordial en la agenda tanto interior como exterior colombiana, pero, al hablar de una compra de armas el gobierno colombiano parece comenzar a constituir a Venezuela no solo como un país que puede “desestabilizar la democracia” en Latinoamérica, sino también como un posible enemigo militar, conllevando a la “re-securitización” de las relaciones bilaterales y consecuentemente a un deterioro aun mas dramático de las mismas. Todo esto sustentado en el discurso estadounidense que busca orientar la atención régimen venezolano y sus nexos con países enemigos, grupos terroristas como Hezbolá[7], e incluso grupos guerrilleros como el ELN. Un discurso que, curiosamente además oculta los nexos de la oposición venezolana con otro tipo de grupos ilegales.

 

La construcción de Venezuela como posible enemigo militar no es nueva, pero no por eso deja de ser poco estratégica y problemática, debido a la condición de países fronterizos, y por tanto la inevitable relación que se debe mantener con este, además de que Colombia es el país que mas recibe migrantes venezolanos y por tanto la atención de los problemas que deben atenderse en el marco de las relaciones entre estos dos países debería ser lo mas alejada posible de conflictos que lleven a obstaculizar las acciones conjuntas.

 

De modo que, esta retoma de la seguridad como eje principal en torno a las relaciones con Venezuela puede ser muy contraproducente para Colombia. La replica del discurso estadounidense de la seguridad y la aplicación de este en la política exterior colombiana resultara en un extremo deterioro de las relaciones con el país vecino. Un deterioro que terminara por obstaculizar las posibles acciones conjuntas que deben llevar a cabo dos países fronterizos como Colombia y Venezuela para atender los problemas que como tal ambos comparten, por un lado, el control de las zonas fronterizas por grupos ilegales y por el otro, la atención de la masiva emigración de personas.

 

En cuanto a las intenciones del gobierno Duque con estas declaraciones, el tema parece encaminarse hacia un relanzamiento de la estrategia venezolana para su agenda exterior, ahora desde una posición más radical en vista del agotamiento de su propuesta anterior para salir de la crisis mediante la acción (o inacción) diplomática. Cabe resaltar que tanto la acción internacional como el discurso interno, durante estos dos años de Duque, giraron en torno a la construcción de Venezuela como un peligro para la región y para la misma estabilidad al interior del país, de modo que, no es descabellado pensar que estas declaraciones y sobre todo la forma en la que se realizan (en un programa destinado a temas internos y a modo de denuncia publica) están encaminadas a distraer la atención pública hacia el nuevo posible enemigo militar, y reencauchar la estrategia internacional en torno a Venezuela, el grupo de lima y las acciones de la región para hacerle frente a esta amenaza a la “seguridad”.

 

Estas declaraciones se hicieron en medio de un conversatorio llamado “Compromiso por el futuro de Colombia” el cual trata sobre las medidas planteadas por el gobierno para la reactivación y recuperación económica y social en 2020-2022, la presentación de las acusaciones precisamente en un espacio dedicado a la política interna deja entrever la doble intencionalidad del gobierno al realizar estas. Por un lado, con la presencia de algunos invitados internacionales al conversatorio, puede ser un indicio del relanzamiento de la estrategia en torno a Venezuela en el ámbito regional, tal vez nuevamente se intentará posicionar el tema y Colombia buscará el liderazgo para hacerle frente a esa “amenaza a la seguridad”. Por otro lado, al hacer uso de este espacio se busca adoptar el problema venezolano y su posible amenaza a la seguridad nacional como un asunto interno que requiere de la atención del gobierno (desvía la atención e incluso recursos dejando de lado la importancia de otros asuntos), y que reafirma el discurso enemistante con Venezuela, que denota la falta de una postura de paz y sobre todo de diálogo característica del gobierno Duque.

 

En conclusión, la presunta compra de armas iraníes por Venezuela denunciada por el presidente Duque, hace parte de dos fenómenos. Uno global que involucra los intereses y las divisiones entre potencias por la influencia no solo política sino militar en la región, con las políticas exteriores de Colombia y de Venezuela, lo que incluso podría hacernos pensar en la posibilidad de que correspondan a provocaciones de parte de Irán a Estados Unidos, o incluso a una estrategia de Estados Unidos que buscando una oportunidad para atacar Venezuela se justifique en un ataque preventivo o en la defensa de Colombia como su aliado en la región. Otro, concerniente a la política exterior colombiana que adopta la situación global y la posibilidad de centrar la atención regional y política en Venezuela como una oportunidad para relanzar la estrategia internacional en torno a este país como una amenaza para la región y como una forma de desviar la atención sobre sus propios asuntos internos, retomando la retórica que llevó a Duque a la presidencia.

 

Este escenario es contraproducente y poco beneficioso para Colombia. Pues la continuación de unas relaciones fragmentadas y hostiles con Venezuela impide la acción conjunta y dialogada entre ambos países en torno a problemas compartidos como la emigración y las problemáticas en fronteras, una enemistad jurada con los vecinos nunca podría ser conveniente cuando se tienen intereses comunes. Por otro lado, se pone en duda la eficacia de un relanzamiento de la estrategia venezolana como base de la política exterior colombiana debido al desgastamiento de esta y la limitación de las opciones de salida a la crisis antes la prioridad de la “seguridad” en el discurso y las acciones del gobierno colombiano.

 


[1] Chacon, C. Duque y su política exterior entre estrategias y resultados fallidos. OPRIC Recuperado de http://opric-unal.org/index.php/produccion-academica/analisis-de-coyuntura/2288-duque-y-su-politica-exterior-entre-estrategias-y-resultados-fallidos

[2] El Espectador. (20 de agosto de 2020). Duque asegura que el régimen venezolano está comprando misiles a Irán. Recuperado de https://www.elespectador.com/noticias/politica/duque-asegura-que-regimen-venezolano-esta-comprando-misiles-a-iran/

[3] El Tiempo. (21 de agosto de 2020). La evidencia del nexo entre compra de misiles, Nicolas Maduro e Iran.Recuperado de https://www.eltiempo.com/unidad-investigativa/nicolas-maduro-pruebas-de-negociacion-de-misiles-con-iran-531648

[4] DW. (22 de agosto de 2020). Maduro dice que “no es mala idea” comprar misiles a Irán. Recuperado de https://www.dw.com/es/maduro-dice-que-no-es-mala-idea-comprar-misiles-a-irán/a-54661914

[5] Teinteresa. (26 de Junio de 2012). Chávez arma a Venezuela de la mano de Irán y muchos lo ven como un aviso de cara a las elecciones. Recuperado de http://www.teinteresa.es/mundo/Chavez-Iran-Rusia-armamento_0_725929201.html

[6] Sputnik. El malestar de EEUU: Francia y Reino Unido rechaza prorrogar el embargo de armas a Irán. Infogate. Recuperado de https://www.infogate.cl/2020/08/15/malestar-de-eeuu-francia-y-reino-unido-rechazan-prorrogar-embargo-de-armas-a-iran/

[7] Unidad investigativa. (26 de enero de 2020). La evidencia que se llevó Pompeo de los nexos entre Maduro y Hezbolá. El Tiempo. Recuperado de https://www.eltiempo.com/unidad-investigativa/evidencia-de-los-nexos-del-regimen-de-nicolas-maduro-y-hezbola-455424